Skyworld_Segundo Episodio_Capítulo VI_Un nuevo frente

VI

Mientras tanto, no muy lejos de allí, en un edificio perteneciente a Enomoto Technologies, un hombre oculto bajo una capucha negra subía en el ascensor en dirección a la planta 50, destinada a la investigación biogenética y beneficiaria de cantidades indecentes de dinero por parte de fuentes privadas. Nuestro hombre misterioso era de media estatura, y lo único que podía apreciarse de él a simple vista eran unas manos notoriamente quemadas por algún incidente del pasado.

Cuando el ascensor llegó a la planta 50, nuestro desconocido caminó por el acristalado pasillo en dirección a una oficina que se encontraba más allá. Aquel lugar estaba plagado de austeridad, pero a la vez irradiaba un cierto halo de inquietud y misterio. En la pequeña mesa situada a la derecha de la puerta del despacho, se encontraba una mujer asiática joven, de espectacular belleza; sus cabellos negros como el azabache se encontraban perfectamente alisados, sin ningún tipo de irregularidad. Nuestro desconocido la observó con indiferencia, como si no le interesase en absoluto la belleza de la joven, la cual le miró con una ligera sonrisa.

— Buenas noches, señor, ¿en qué puedo ayudarle? – Dijo la joven.

— Quería ver al señor Shuzai Enomoto – Respondió el desconocido – Dígale que Darkness quiere verle.

La joven asintió y descolgó el teléfono, e intercambió con su interlocutor varias frases en un perfecto japonés. Darkness la entendió perfectamente, pero decidió aguardar y esperar instrucciones. La joven colgó el teléfono y seguidamente miró a Darkness.

— El señor Enomoto le está esperando – Respondió.

Darkness asintió y miró a la joven con ojos inquisitivos, que seguramente no albergaban buenas intenciones.

— ¿Cuál es su nombre, señorita?

— Sayuri – Respondió la joven, mirando al desconocido con gesto nervioso ante la penetrante mirada que Darkness le dedicó – Sayuri Moritsu.

— Ha sido un placer conocerla, señorita Sayuri – Respondió Darkness, aventurándose a entrar en el despacho de Shuzai Enomoto. Abrió la puerta y observó el despacho con detenimiento. No había cámaras de seguridad, bien, era un punto a su favor. Estaba decorado al más puro estilo japonés, algo que no despertó en Darkness el más absoluto interés. Al fondo, en un gigantesco escritorio se encontraba él, Shuzai Enomoto, un hombre que destacaba por la enorme cicatriz que tenía en la parte derecha de la cara y que cruzaba su ojo; posiblemente algún enfrentamiento anterior con algún enemigo. Eso no importaba, no para Darkness – Señor Enomoto.

— ¡Vaya! ¡Darkness! – Exclamó Enomoto, mirándole fijamente – Le estaba esperando.

— ¿La tiene?

— Directo al grano – Respondió – Su reputación le precede.

— ¿La tiene? No tengo mucho tiempo – Insistió.

— Sí, claro que la tengo – Dijo Enomoto, dirigiéndose a la caja fuerte que tenía sobre un soporte de una majestuosa katana que tenía en el lateral del despacho. Tecleó la clave de seguridad y la caja fuerte se abrió. Enomoto sacó una caja alargada de madera, evidentemente artesana, y seguidamente se la tendió a Darkness – Aquí tiene, lo que me encargó que consiguiera. Espero que se me recompense debidamente, ha sido difícil de conseguir.

— ¡Oh! Claro, aquí tengo su recompensa – Respondió Darkness, quien sin previo aviso y con una rapidez completamente sobrenatural, hundió su abrasada mano en el pecho de Shuzai Enomoto, extrayendo de una forma rápida y veloz su corazón, aún latente. El rostro de Shuzai Enomoto cristalizó en una décima de segundo una expresión de incertidumbre, pues su cuerpo no fue capaz de sentir nada. Miró con desconcierto a su asesino — Lo siento, pero mi amo no tiene intención de que nadie le fastidie sus planes… Descansa y ve directamente al infierno por tus crímenes.

Darkness cerró su mano en torno a su corazón y lo abrasó, convirtiéndolo en una pequeña montaña de cenizas humanas que cayeron por los bordes de sus manos. Nunca había dudado a la hora de matar a nadie, su lealtad siempre había sido incuestionable para su señor, por lo que sabía que su vida jamás acabaría corriendo peligro.

Se sacudió las manos dejando que el polvo de ceniza se esparciera suavemente por la estancia. Cogió del suelo, junto al cadáver de Enomoto, la caja de madera que él iba a entregarle; con sumo cuidado la abrió y contempló su interior, un tubo de ensayo cuidadosamente cerrado, y conteniendo lo que parecía ser sangre. ¿De quién? Eso era un misterio incluso para Enomoto, solo se le informó del nombre de la persona, pero no la importancia de su sangre. Cerró la caja con la muestra dentro y la guardó en un bolsillo de su pantalón. Su teléfono móvil comenzó a sonar y Darkness contestó sin siquiera comprobar quién era.

— Darkness.

— ¿La tienes? — Respondió una voz masculina con cierto toque de malicia.

— La tengo, mi señor — Respondió Darkness — La sangre de Lyv Gyllenhall… Después de mucho tiempo, la tenemos.

— Perfecto — Respondió — Ya sabes qué hacer, que la usen para neutralizarla. ¿Has encontrado lo otro?

— La filacteria está en manos de la propia Lyv — Respondió Darkness — ¿Cómo debo proceder?

— Mátalos — Respondió — A todos los que están con ella. Recuerda que a ella la quiero con vida.

— La tendrá, mi señor, a la mayor brevedad posible — Dijo Darkness — Y respecto al nigromante que le acompaña…

— Le quiero muerto. Nadie podrá tocar a Lyv salvo yo, ¿Está claro?

— Claro. Le avisaré en cuanto complete mi misión.

Darkness colgó el teléfono y lo guardó discretamente. Y sin más, sin levantar sospechas ni llamar la atención, salió del despacho de Shuzai Enomoto con la intención de llevar a cabo el siguiente paso, darle caza a Lyv Gyllenhall y llevarla ante su señor, quien la conocía de mucho tiempo, y puede que mejor que ella misma.

Skyworld_Segundo Episodio_Capítulo V_En el bando equivocado

V

El avión llegó a Tokyo una hora antes de la convenida por Lyv, y los tres investigadores aterrizaron sin ningún tipo de contratiempo. Lyv lo había organizado todo para tener lo necesario a su disposición. A pesar de tener la base principal en Nueva York, Skyworld tenía colaboradores en todo el mundo, ocultos a los ojos de muchos, con trabajos normales y corrientes, pero con diversos dones que sólo Skyworld era capaz de comprender.

Era casi de noche y comenzaba a hacer frío, pero ni Lyv ni Jack parecían inmutarse. Ashley no estaba acostumbrada a salir de Nueva York, así que notó la diferencia de temperatura. Desde un hangar que se abría para que el avión entrara, se dirigía hacia el avión un hombre con aspecto informal pero elegante. Tenía unos cuarenta años, pelo negro y ojos de un intenso color marrón. Era bastante atractivo, casi, y digo casi, tanto como Jack. Lyv le dedicó una sonrisa sincera cuando la puerta del avión se abrió.

— ¡Cuánto tiempo sin vernos, querida mía! – Exclamó aquel hombre, mirando con fijación a Lyv, admirando la belleza que sabía conservaría para toda la eternidad.

— Demasiado, mi querido Sora – Respondió Lyv, dándole un profundo abrazo para a continuación dirigirse a Jack – Sora Nobunaga, te presento a Jack Frostmourne, nigromante y nuevo miembro del equipo. Jack, te presento a Sora, investigador de lo paranormal y colaborador de Skyworld, además de asesor del Gobierno.

— Es un placer, Jack – Dijo Sora, inclinando levemente su cabeza y estrechando la mano de Jack – Está todo preparado, el Gobierno ha sido informado de que venías y no hay ningún problema.

— Gracias, Sora – Respondió Lyv, mientras le daba a Jack y a Ashley instrucciones para que fueran al coche. Cuando se hubieron alejado de ellos lo suficiente, Lyv miró a Sora como si entre ellos hubiera habido algo más que amistad en un pasado no muy lejano – No te devolví las llamadas…

— Es algo habitual en ti – Respondió Sora, dedicándole una ligera sonrisa – No fuiste capaz de enfrentarte a la verdad.

— ¿A qué verdad? – Preguntó Lyv, mientras iban caminando despacio hacia el coche – Creo que te equivocas de verdad.

— A que te enamoraste de mí – Respondió Sora.

— Y te habría visto envejecer y morir – Respondió Lyv – Creí que no devolver las llamadas te bastaba para comprender mi decisión.

— Me costó entenderlo, diez años, pero finalmente lo conseguí – Dijo Sora – Puede que nunca llegue a dejar de quererte, pero conseguí superarlo. De todas maneras, siempre tuve claro que tu corazón no era del todo mío.

— ¿De qué hablas? – Preguntó Lyv, sorprendida – Nunca te engañé, Sora.

— Puede que no físicamente, pero una parte de tu corazón pertenecerá siempre a Leo Cavalcanti – Respondió Sora – Puede que te duela oírlo, pero es una realidad que no puedes obviar. No dudo que me quisieras, pero siempre quedaba una parte de ti que seguirá amando a Leo para toda la eternidad.

— Esa parte de mí murió hace mucho tiempo – Respondió Lyv – Esa parte de mi corazón se rompió en mil pedazos cuando abrí los ojos. Leo fue importante para mí, quizá el hombre al que más he querido en mi vida, pero también era un monstruo.

— Lyv, no es un reproche – Respondió Sora – Nunca te lo he reprochado, yo siempre te he deseado la felicidad, como yo he encontrado la mía.

— Me alegro, de verdad – Respondió Lyv con una ligera sonrisa – ¿La conozco?

— Sí, la doctora Trepe – Respondió Sora, a lo que Lyv reaccionó con una carcajada — ¿De qué te ríes?

— Veo que lo consiguió – Dijo Lyv, riéndose – Me dijo que intentaría conquistarte, poco después de que volvieras a Japón. Fuiste una pérdida muy grande para el equipo.

— ¡Pero serás…! – Dijo Sora, dándole un suave toque en el hombro – Lo cierto es que echo de menos el equipo, pero si vuelvo a Nueva York, tendría que dejar a Aki aquí, ya sabes, su trabajo es prioritario para ella, está en este momento en un buen puesto.

— Lo sé – Dijo Lyv – Pero si en algún momento quieres volver no lo dudes. Tus investigaciones siempre fueron muy buenas.

— Ya habrá tiempo de hablar de ello – Respondió Sora — ¿Necesitas algo más?

— Sí, sé que estuviste investigando en Aokigahara en más de una ocasión, cuando hablemos con Ujío veremos si alguna de tus captaciones se corresponde con lo que él vio – Respondió Lyv, llegando al vehículo y dejando su bolsa en el maletero – Por lo demás, espero que colabores con nosotros.

— Ya no formo parte del equipo – Replicó Sora.

— No como investigador activo, pero sí como colaborador externo – Dijo Lyv – Así que no necesitas burocracia.

— ¿Y qué hay de Glover?

— Glover no tiene nada que ver con esto – Respondió Lyv – No todo lo que hago pasa por el despacho del Pentágono, ya deberías saberlo.

— Casi me olvido que siempre haces lo que te da la gana – Respondió Sora con una ligera sonrisa. Le tendió las llaves a Lyv y acto seguido entraron en el coche.

— Bueno, ¿cuál es el primer paso? – Preguntó Jack, tratando de romper el hielo habida cuenta de que se sentía desplazado, y por alguna extraña razón veía a Sora como un rival… ¿sentía celos? ¿desconfiaba simplemente de él por no conocerlo? Por alguna extraña razón, su instinto de policía dejaba de funcionar, y comenzaba a comportarse como un investigador paranormal, a la vez de un hombre que se sentía atraído por una mujer que por alguna extraña razón no hacía otra cosa que poner un muro de contención que impedía llegar a ella – Porque después de la charlita de tortolitos imagino que nos pondremos a trabajar.

— ¿Perdón? – Preguntó Lyv, girándose por completo – ¿De qué hablas?

— Nada, nada – Respondió Jack — ¿Cuál es el primer paso?

— La casa de Ujío, tenemos que saber lo que vio exactamente – Dijo Lyv, con tono enfadado – Si no eres capaz de apartar tus problemas personales de los del trabajo será mejor que te quedes en el avión, no quiero distracciones.

— Habla por ti – Respondió Jack – Que nos desplazas para poder hablar con Sora.

— ¡Chicos, chicos! – Exclamó Ashley – Acabamos de llegar, estamos cansados… no discutamos, por favor.

— ¿Quién discute? ¡Yo no discuto! – Exclamó Jack.

— Será mejor que yo me vaya en otro coche a casa de Ujío, no quiero causar problemas – Respondió Sora.

— Tú no vas a ninguna parte – Respondió Lyv, abriendo la puerta del coche. Todos se sorprendieron de su reacción, no comprendían por qué salía del coche. Lyv rodeó el vehículo y abrió la puerta donde Jack se encontraba – Sal del coche.

— Pero…

— ¡Que salgas! – Gritó Lyv, cogiéndole del brazo y sacándolo del coche, sin importarle que el mero contacto piel con piel le hiciese daño. Ni siquiera prestó atención a que las venas de su antebrazo comenzaban a ponerse negras. Le arrastró varios metros de tal forma que Sora y Ashley no pudieran oír lo que iban a hablar — ¿Se puede saber qué demonios te pasa?

— Dijiste que no había secretos en Skyworld – Respondió Jack – Tú lo sabes todo de mí, y yo no sé una mierda sobre ti.

— ¿Disculpa?

— Tienes algo con ese tío – Dijo Jack – Está claro. ¿Cuándo pensabas contármelo?

— Jack, no tengo por qué contarte mi vida personal – Respondió Lyv – Esto no tiene nada que ver con Skyworld.

— No soporto la idea de que un hombre al que acabo de conocer sepa más de mi jefa que yo mismo – Respondió Jack – Te has quedado atrás para cuchichear con él.

— No sé si sentirme halagada o insultada, Jack – Respondió Lyv — ¿Estás celoso?

— ¿Celoso? ¿Yo? – Preguntó Jack – No sé de qué demonios hablas, no sé por qué habría de sentirme celoso. Pero no quiero tener sorpresas cada vez que salga en un caso. Es evidente que entre ese tío y tú hay algo.

— ¡Hubo algo! – Exclamó Lyv – Y te lo cuento para que se te quite esa paranoia que tienes en tu esposa mollera. Ahora vamos a trabajar juntos, y cuando esto acabe él volverá a su vida y yo a la mía, ¿entiendes?

— No quiero que te hagan daño – Respondió Jack.

— Hablas como Leo… — Dijo Lyv, indignada, sin darse cuenta de que el dolor de su brazo, que comenzaba a hacerse más intenso, provocaba que su mal humor aflorara – No necesito que me protejas, ni tú ni nadie. Nadie estuvo para protegerme cuando Leo me dejó al borde de la muerte, salí sola del agujero, ¡sola!

— Lyv, no hace falta que te pongas así – Respondió Jack – Lo que no entiendo es que conmigo pongas un muro de contención, y con Sora todo vaya como un camino de rosas.

— No tengo tiempo ahora de explicarte nada, Jack – Dijo Lyv – No tengo nada personal contigo si es lo que temes, te lo habría dicho. Pero no me toques las narices viendo demonios donde no los hay. No he puesto ningún muro de contención contigo ni nada parecido. No necesito que me protejas, ¿lo entiendes?

— Está bien, siento el malentendido – Respondió Jack. Bajó la mirada un poco abatido, viendo en ese momento el brazo de Lyv – Tu brazo…

— No me toques – Dijo Lyv, apartando el brazo – Estoy bien. Ahora vamos, hay mucho trabajo que hacer.

— Pero…

— ¡Ya! – Exclamó Lyv, subiendo al coche y arrancando. El dolor de su brazo continuaba aumentando, era cuestión de tiempo que el contacto con magia oscura se extendiera si no se trataba de inmediato. Jack subió tras ella en el asiento trasero, preocupado por su brazo y sin siquiera alcanzar a imaginar que fue por haberle tocado — ¿Estamos todos?

— ¿Todo bien, jefa? – Preguntó Ashley – Pareces malhumorada.

— Perfectamente – Respondió Lyv, inexpresiva, sin inmutarse – Vamos.

Dichas estas palabras los cuatro pusieron dirección a la casa de Ujío Hiwoyima, y con la ayuda de Sora investigarían para saber qué demonios estaba pasando en Aokigahara. Jack parecía confuso y realmente preocupado por el estado del brazo de Lyv, sabía que la magia oscura la afectaba pero no alcanzaba a llegar a la conclusión de que su sólo contacto la dañaba hasta ese punto. Y lo mejor de todo, es que en su interior comenzaba a darse cuenta de que en lo más profundo de su corazón, un sentimiento más grande que cualquier fuerza sobrenatural comenzaba a crecer y hacerse más intenso. Se estaba enamorando de Lyv, y lo peor es que se lo negaba a sí mismo, intentando comprender cómo podía amar a una mujer a la que jamás tendría, y sobre todo, atormentada por el fantasma de un hombre con el que Jack jamás podría competir.

El trayecto duró media hora y Sora era quien guiaba a Lyv por accesos más rápidos hacia la zona. El lugar era menos pintoresco de lo que Lyv recordaba, quince años atrás fue la última vez que pisó el jardín zen que en su día su querido amigo Ujío creó en honor de su amada esposa Sakura. Quince años que parecían haber pasado en negativo hacia su familia, el jardín estaba abandonado, la maleza había crecido hasta el punto en que el camino se hacía invisible a los ojos de todos. La casa se encontraba con multitud de arreglos chapuceros y desperfectos por todas partes; cristales rotos, ventanas mal colgadas, y un largo etcétera que para nadie salvo Lyv tenía importancia.

El coche se detuvo y los cuatro investigadores salieron del coche. La imagen que recordaba era muy diferente a lo que Lyv tenía ante ella. Caminaron entre la maleza que no resultó impedimento alguno para llegar a la casa. La luz del vestíbulo estaba encendida y alguien miraba por la ventana observando a los nuevos visitantes. Cuando Lyv llegó a la puerta principal, Tochi la abrió, abrazándola omitiendo cualquier tipo de saludo. La chica lloraba desconsolada en brazos de Lyv, la cual correspondió su abrazo, rodeándola con cierto gesto maternal.

— Tranquila, pequeña – Dijo Lyv, frotando suavemente su espalda y susurrando a su oído – Ya estoy aquí, no tienes que preocuparte de nada.

— Olyvia-san – Dijo Tochi, con la voz rota por la situación por la que pasaba en aquel momento – Gracias a los dioses que has venido.

— Te dije que lo haría – Respondió Lyv, secando sus lágrimas con los pulgares como una auténtica madre a su hija – Ahora tranquilízate. ¿Dónde está tu padre?

— Padre está dormido, he tenido que darle hierbas – Dijo Tochi – Creo que se me ha ido la mano.

— Tranquila, a veces es bueno descansar para calmar la mente – Respondió Lyv – Esperaremos hasta que se despierte.

— Pasad, por favor – Respondió Tochi – Mis hermanos están dentro, están preocupados por padre.

— Tranquila, le encontraremos solución a esto – Dijo Lyv mientras los cuatro investigadores entraban en casa de Ujío. La casa, a pesar de estar en una situación bastante precaria, seguía conservando calor de hogar. Aquella casa estaba plagada de buenos recuerdos que Lyv no estaba dispuesta a olvidar, y por aquello que la unía a Ujío, le ayudaría a él y a su familia hasta que sus fuerzas desfallecieran. En la sala de estar estaban Hiro y Katsumoto, dos jóvenes japoneses apuestos que no contaban con más de veinticinco años. La mesa tenía tres cuencos de arroz casi vacíos, muestra de la escasez que había en aquel momento – Hiro, Katsumoto, me alegro de veros.

— Olyvia-San – Hiro le dedicó una perfecta reverencia al más puro estilo japonés – Seguís igual de hermosa.

— Y tú sigues siendo tan caballeroso como recordaba – Respondió Lyv, dándole un caluroso abrazo.

— Poseída por el demonio – Dijo Katsumoto – Por eso no envejece.

— Katsu… — Dijo Tochi con gesto de desaprobación.

— Tranquila, Tochi – Respondió Lyv, quien acto seguido miró a Sora — ¿Puedes conseguir algo de comida a estas horas?

— ¡Claro! – Exclamó Sora – Iré al centro y en un rato tendremos una cena como Dios manda. Volveré enseguida.

— No necesitamos la caridad de Skyworld – Dijo Katsumoto – Ni tu falsa ayuda.

— ¡Katsumoto! – Exclamó Hiro – Olyvia-San no es el enemigo.

— ¡Tranquilizáos! – Exclamó Lyv – Sora, ve por comida, mientras averiguaremos lo que está pasando aquí.

Sora asintió y salió por la puerta en dirección al coche. Cuando se sentó en el asiento del conductor, en lugar de arrancar lo que hizo fue coger su teléfono móvil y marcar un número desconocido. Esperó tres tonos sin ningún tipo de impaciencia, como si supiera que su interlocutor tardaría en contestar a la llamada.

— Has llamado antes de lo convenido, Sora – Dijo una voz de mujer, con un acento europeo bastante marcado – No debes saltarte las normas.

— Lo sé, tenemos un problema – Respondió Sora.

— ¿Y cuál es? – Preguntó la mujer.

— Lyv está aquí – Respondió Sora.

— Continúa con el plan, no dejes que descubra nada – Respondió la mujer – No puede saberlo.

— Lo intentaré… ¿pero qué debo hacer si descubre el plan? – Preguntó Sora, preocupado.

— Elimínala, ya sabes cómo.

— Entendido.

La mujer colgó el teléfono, Sora decidió mantener la calma de momento, y sólo entonces arrancó el coche, dirigiéndose a comprar comida tal y como Lyv le había pedido, pero siempre arrastrando aquella información que Lyv jamás debería conocer, al menos no de momento. Sin embargo, Sora estaba jugando con fuerzas que llegado el momento le darían a escoger entre el bienestar de Lyv y el suyo propio.

Skyworld_Segundo Episodio_Capítulo IV_Sentimiento de Culpa

IV

 

Ya en el avión, después de una hora de vuelo plagada de palabras de sorpresa por parte de Jack por todo lo que seguía descubriendo de su nueva unidad, Ashley, el nigromante y Lyv viajaban rumbo a Tokio con la intención de investigar aquel extraño caso. Lyv escuchaba incesantemente la grabación de la videollamada de Tochi y se preguntaba a sí misma qué pudo llevar a Ujío a intentar suicidarse; le conocía bien, bastante bien, y sabía que no lo haría sin una buena razón, y en su interior le reprochaba el hecho de no haberle pedido ayuda. Ashley estaba dormida en el asiento de al lado, Lyv la había tapado con una manta ya que parecía cansada, el tiempo que llevaba en Skyworld había hecho que Ash se exigiese demasiado a sí misma y tuviese cansancio acumulado.

— ¿No vas a dejar de escuchar esa grabación? – Preguntó Jack tomándose un café – Me la sé de memoria hasta yo.

— Trabajo de campo, Jack – Respondió Lyv, cerrando el ordenador – Por cierto, Bones me presentó ayer tu último informe de entrenamiento, has mejorado bastante.

— ¡Ya era hora! Siempre me decía que estaba verde.

— Y lo estás – Respondió Lyv – Muy verde, pero creo que ya es hora de que salgas fuera y hagas honor a tu hoja de servicio.

— Gracias por apostar por mí – Dijo Jack, alzando el vaso en señal de aprobación.

— Una única cosa que quería comentarte – Respondió Lyv – En Skyworld no tenemos secretos, Jack.

— ¿Acaso te he ocultado algo alguna vez? – Preguntó intrigado.

— Hay un expediente sellado en la base de datos – Respondió Lyv — ¿Me lo vas a contar?

— Es algo que dejé atrás hace tiempo – Respondió Jack – No me gusta hablar de ello. ¿Es importante para ti?

— Quiero saber qué tipo de persona tengo en casa, Jack, espero que lo comprendas – Respondió Lyv – No saldrá de aquí si no quieres.

— Fue un homicidio involuntario – Respondió Jack – La madre de una amiga se había separado y digamos que no tuvo buen ojo con su nueva pareja. Sabía que algo pasaba pero no alcanzaba a ver la magnitud del problema.

— ¿Malos tratos? – Preguntó Lyv.

— Sí – Respondió Jack – Una tarde, teníamos que estudiar para un examen. Le dije a Ari que fuéramos a mi casa, allí habríamos estado más tranquilos. Ella dijo que sí, pero que tenía que recoger unas cosas para estudiar. La acompañé a casa y esperé en la puerta. Oí unos golpes dentro de la casa y gritos pidiendo auxilio. Cuando entré dentro, el tipo estaba borracho y no paraba de golpear a Ari y a su madre. No tuve elección, Lyv.

— No fue culpa tuya, Jack – Respondió Lyv – Yo habría hecho lo mismo.

— Le apuñalé una única vez, pero fui demasiado preciso – Dijo Jack, con gesto triste en su cara – El tipo murió antes de que llegase la ambulancia. La cuestión es que también fue tarde para la madre de Ari. Me detuvieron y me declararon culpable de homicidio involuntario, Ari tuvo daños cerebrales debido al trauma y acordaron judicialmente que su testimonio no era válido. Un juez, posteriormente, decidió sellar el expediente al ver que frustraría mis intenciones de entrar en la policía, supongo que se apiadó de mí. Le deberé eso el resto de mi vida.

— Lo siento, Jack – Dijo Lyv — ¿Qué fue de Ari?

— La ingresaron en un hospital por orden judicial, no quise que estuviese bajo la tutela del Estado, así que mi familia se hizo cargo de ella – Respondió Jack – Le proporcionaban todo lo que necesitaba en el hospital y cubrían los gastos. Murió hace tres años, debido a las secuelas. A veces pienso que si hubiese entrado con ella en casa y no esperar en la puerta, la situación habría sido diferente.

— Eso no lo sabes, Jack – Respondió Lyv – Las cosas sucedieron así por una razón, entraste en la policía, expiaste tu culpa hace mucho tiempo. No te flageles más.

— Es fácil decirlo, Lyv – Replicó Jack – Nunca podré dejar de sentirme culpable, no sabes lo que es.

— ¿Perdona? – Preguntó Lyv, sorprendida – Te recuerdo que tengo mil años de edad y he visto morir a gente a la que quiero, algunos por mi culpa, y otros porque sencillamente les llegó su hora. Tú no sabes lo que es ver que el tiempo pasa para todos, excepto para ti mismo. Sé cómo te sientes, Jack, pero el sentirte culpable no te devolverá a Ari ni a su madre.

— Lo sé, supongo que necesito más tiempo – Respondió Jack, terminándose el café – Ya que estamos hablando de no tener secretos… ¿vas a contarme por qué te encierras en el ala norte de la biblioteca cada día?

— Eso es diferente.

— No, no lo es – Respondió Jack – Yo ya no tengo secretos para ti, así que te toca, desembucha.

Lyv se quedó pensativa un momento, dudaba si compartir algo tan personal con Jack, no sabía si la llegaría a comprender. Sin embargo, un pensamiento cruzó en su mente, la conversación que había tenido con Bones muchísimas veces sobre exteriorizar y contar el problema, así se sentiría mejor. Durante una milésima de segundo tomó la decisión de intentarlo.

— En ese lugar están todos los libros y todos los manuscritos de mi padre – Respondió Lyv, jugueteando de forma distraída con su colgante, que para sorpresa de Jack volvía a brillar con un aura oscura plagada de energía necrótica. Jack nunca quiso preguntar, y pensó para sí mismo que era mejor no hacerlo – También hay un cuadro que pintó para mí, aparecemos él y yo.

— Ya, pero no creo que tengas esa zona como un santuario solo por los recuerdos de tu padre – Respondió Jack – Creo que hay algo más que no me has contado.

— Chico listo – Respondió Lyv — ¿Recuerdas que te conté el motivo de mi inmortalidad?

— Sí, fue por un hechizo.

— No fui del todo sincera – Respondió Lyv – Yo era una aprendiz de quincuagésimo grado, estaba a punto de superar todas las pruebas. Sin embargo, había un hechizo que mi padre nunca me permitió hacer por lo que conllevaría para mí. Era demasiada magia oscura y podría matarme.

— ¿Y qué hiciste? – Preguntó Jack.

— Me empeñé en superar a mi padre, en ser mejor que él utilizando la invocación y controlar todo tipo de magia – Respondió Lyv, sin poder evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas – Decidí entrenarme por mi cuenta en ese campo, a espaldas de mi padre. Me debilité demasiado. Y lo peor es que hubo consecuencias.

— ¿A qué te refieres? – Preguntó Jack.

— El dolor por la exposición a la magia oscura fue tan grande que llegué a perder la cabeza – Respondió Lyv – Mi padre lo llamaba “locura necrótica”, lo definía como un estado de locura incontrolable provocado por una exposición extrema a la magia oscura. Ni siquiera la voluntad más férrea puede sobrepasarlo, puede llegar a confundirse con un estado de posesión.

— ¿Quieres decir que te volviste loca? – Preguntó Jack.

— Sí, mi padre trató de detenerme pero utilicé una maldición contra él – Respondió Lyv – Mi padre tuvo tiempo de lanzarme una gran cantidad de magia blanca para contrarrestar los efectos de la magia negra.

— Hablas de la magia necrótica como si te envenenara – Respondió Jack.

— En cierto modo lo es – Respondió Lyv – Cuando recuperé la cordura, me di cuenta de que la maldición había sido lo suficientemente efectiva. Mi padre estaba muerto a mis pies, con un gesto de dolor extremo en su rostro. Jamás olvidaré esa expresión. Lo siguiente que recuerdo es haber estado llorando junto a él durante horas. Yo… yo le maté, maté a mi padre.

— Como tú me dijiste – Dijo Jack, cogiendo suavemente la mano de Lyv, quien estaba a punto de echarse a llorar como un niño pequeño – No fue culpa tuya.

— Sí que lo fue, Jack, tú no tuviste elección, pero yo sí – Respondió Lyv – Si le hubiera hecho caso yo habría muerto hace muchísimo tiempo, y él habría vivido mucho tiempo más.

— Lyv, las cosas sucedieron por una razón – Respondió Jack – No voy a cuestionarte, ni mucho menos a juzgarte, no he estado a tu lado toda tu larga vida, pero sé lo suficiente como para saber que si no hubieras vivido tanto, la gente a la que has salvado no habría corrido la suerte que han corrido. Te tienen, saben a quién recurrir.

— Eso es lo único que me mantiene cuerda, Jack – Respondió Lyv – Ahora tenemos que hacer un trabajo. Ya llegará el tiempo en que deje esto correr, pero no es ahora.

— Está bien – Dijo Jack – Pero piensa en todo lo que has hecho, cuando todo te parezca oscuro…

— Lo sé.

— Por cierto, ¿los pilotos te los proporciona el Gobierno? – Preguntó Jack.

— Bueno, más o menos – Respondió Lyv – Son pilotos de la segunda guerra mundial, me costó trabajo domesticarlos.

— Estás de coña, ¿verdad? – Preguntó Jack, sorprendido — ¿El avión está siendo pilotado por zombis?

— No, son como Bones, esqueletos completamente funcionales – Respondió Ashley, levantándose del asiento – Perdón, me he dormido.

— Bienvenida, princesa – Respondió Jack con una ligera sonrisa – Mira, no estoy asustado porque me fío de ti, pero no me hace gracia de que unos huesudos dedos y unos cráneos sin cerebro piloten el avión que nos lleva a nuestro destino. Podrían perder el control.

— No lo han hecho antes, y no lo harán ahora – Dijo Ashley – Bones es un controlador excelente.

— Genial, esqueletos controlados por otros esqueletos – Respondió Jack – Bueno, intentaré mantener la calma.

— Eso es lo principal, mantener la calma – Respondió Lyv – Nos quedan tres horas para llegar a Tokyo, así que pensemos en lo que tenemos delante.

— No he podido tocar nada para saber nada – Dijo Ashley – No sé por qué puedo ser útil.

— Quizá porque el sitio al que vamos está plagado de recuerdos residuales de los suicidas – Respondió Jack – Para un nigromante es la leche.

— Lo sé, por eso os he traído – Respondió Lyv – Hace mucho tiempo Charlie y yo estuvimos investigando allí, pero las pruebas no fueron concluyentes. La cuestión es que cuando te expones en un sitio donde hay tanta energía paranormal siempre te sueles impregnar de cargas.

— ¿Qué quieres decir? – Preguntó Jack.

— Puedes tener sueños, recuerdos difusos que se han quedado en aquel lugar y que tú te has traído contigo – Respondió Lyv – Nada como una buena ducha de agua bendita para dejarlo todo allí, no es nada que deba preocuparos. Solo os aviso porque mientras estemos allí, es posible que se tengan visiones o alucinaciones, ¿está claro?

— Cristalino – Respondió Ashley – Bueno, vamos a dar un último repaso al perímetro y ver qué zonas vamos a investigar. Yo me encargaré de la historia, quizá cuando sepamos un poco lo que sucede, podamos encontrar algo en la cronología japonesa.

— De acuerdo – Dijo Lyv, poniendo por delante todo lo necesario en la pantalla del portátil – A trabajar.

Los tres investigadores se pusieron manos a la obra y trazaron un itinerario y un plan de actuación. Aokigahara no era algo baladí para nadie, era un lugar al que debían tener respeto. Lyv cada vez se sentía más intrigada con toda la situación, el único pensamiento que daba vueltas y vueltas a su cabeza era el motivo que pudo haber llevado a su amigo Ujío a intentar quitarse la vida, extremo que trataría de explicar una vez llegados a Japón. Por otra parte, Jack tenía un presentimiento que invadía su interior; sentía que algo muy grave iba a suceder, y todo ese pensamiento interno iba íntimamente relacionado con la idea que atormentaba a Lyv todo el tiempo: la verdad sobre Leo Cavalcanti.

Skyworld_Segúndo Capítulo_Capítulo III_Una profunda carga

III

 

Nuestros tres amigos caminaron por el pasillo previo a la sala principal en dirección al despacho de Lyv. Jack y Bones iban un paso por detrás de ella, discutiendo sobre las tácticas que Jack estaba comenzando a utilizar a medida que se desarrollaban sus poderes. Jack discrepaba, y Bones entraba al trapo de forma que el grandísimo ego de Jack crecía considerablemente.

Ashley les interceptó en la entrada del vestíbulo y le pasó a Lyv una carpeta con el logotipo del Pentágono. “Genial”, pensó Lyv, abriendo la carpeta y examinando la documentación que había en ella. El desconcierto y la sorpresa quedaron plasmados en su rostro, abriendo sus ojos como platos al considerar exagerada la misión que Terrence Glover pretendía encomendar a Skyworld. Lyv levantó la mirada de los papeles y la dirigió hacia su acristalado despacho. Terrence Glover observaba los artefactos de magia, muy antiguos, que se encontraban en una vitrina junto a la ventana del despacho de Lyv. Su obesidad había aumentado en los últimos meses, y eso hacía que Lyv negase con desaprobación para sí misma mientras se acercaba a la puerta de su despacho.

— ¿Qué misión vamos a tener entre manos? – Preguntó Ashley con curiosidad, mirando a Lyv.

— Una que espero sea una broma – Respondió Lyv mientras observaba a Bones y Jack, quienes seguían discutiendo – Vigila a estos dos, quiero que Bones conserve las clavículas, no sabes el coñazo que es volver a adherirlas.

— Tranquila, me aseguraré de que conserve todos los huesos y que no se muera de un colapso – Respondió Ashley.

— No caerá esa breva – Dijo Lyv, girando la cabeza y abriendo la puerta de su despacho. Glover dirigió una mirada “aparentemente” cordial a Lyv, quien jamás tendría su respeto a su consideración a la hora de trabajar. Lyv, por el contrario, dirigió hacia Glover una mirada que si en ese momento tuviese la fuerza para matar, Glover estaría enterrado. Cerró la puerta de su despacho y levantó la carpeta a la altura de su cabeza, para acto seguido tirársela a la cara — ¿Se puede saber en qué cojones estás pensando?

— ¿Hay algo que no te guste de la misión? – Preguntó Glover, sin siquiera inmutarse.

— Es posible que haya algo, ahora que lo dices – Respondió Lyv, y estampó sus puños sobre su mesa, haciendo que el cristal bajo sus nudillos se resquebrajara — ¡¡Toda la misión!! ¿Qué te crees que somos? ¿Un puñado de aficionados que exorcizan casas? Estamos hablando de una casa familiar construida sobre un cementerio indio, hace tres años que redacté un informe y recomendé que esa casa se derribara y no se volviese a construir allí. Sin embargo, vosotros sois tan sumamente idiotas que decidisteis entregarla a la beneficencia para un orfanato… ¡¡Sois la leche!!

— No te pagamos para que hagas preguntas, te pagamos para que hagas tu trabajo – Respondió Glover, sentándose y tratando, sin éxito, cruzar sus piernas.

— Por favor, no intentes cruzar tus piernas, pareces una cabaretera de Las Vegas – Respondió Lyv, sin moverse ni un ápice – En primer lugar, somos un equipo que trabaja en todo el mundo, y desterramos fuerzas y criaturas sobrenaturales que están muy por encima de todas las parafernalias que queréis que hagamos. Segundo, el gobierno a mí no me paga ni un solo centavo de dinero público. Somos una entidad independiente.

— ¡Que te lo has creído! – Exclamó Glover – Trabajas para el Gobierno.

— Corrige – Respondió Lyv – Colaboramos con el gobierno, que es muy diferente. Revisa las cuentas porque Skyworld no ha recibido nada de dinero público. No me tienes agarrada por las pelotas; primero porque no las tengo, y segundo, porque no dependemos económicamente de nadie, salvo de nosotros mismos. Y eso me da derecho a escoger los trabajos que requieren mayor interés por el bien de nuestro mundo.

— ¿Te estás insubordinando? – Preguntó Glover, indignado.

— No, me estoy imponiendo, Glover – Respondió Lyv, al mismo tiempo que llamaban a la puerta. Lyv vio a Beck asomando el hocico por el cristal de la puerta — ¿Qué?

— Lyv, tienes una llamada de Skype por la sala de hologramas – Respondió Beck mientras asomaba la cabeza.

— ¿Ocurre algo?

— Es Tochi Hiwoyima – Respondió Beck – Dice que necesita tu ayuda. Llama desde un cibercafé, va por minutos, así que corre prisa.

— Bien, iré enseguida – Dijo Lyv, mientras miraba a Glover – Hemos acabado.

— ¿Perdona? – Preguntó Glover — ¡Yo diré cuándo hemos acabado! ¿Qué demonios te crees que estás haciendo?

— Mi trabajo, mi querido Glover – Respondió Lyv mientras se acercaba a la puerta sin siquiera mirarle, como si fuese el último insignificante insecto de una selva – Este asunto tiene preferencia, puede que a ti no te importe la seguridad a nivel mundial, pero la magia es mucho más que fantasmas y apariciones. Tomaré un trabajo vuestro cuando os lo toméis en serio.

— Niña insolente – Respondió Glover – Estás acabada, el Gobierno te desterrará.

— Alabado sea, pues – Y dicho esto, salió por la puerta sin volver la vista atrás.

Lyv caminó por el vestíbulo seguida de todos los demás hasta la sala de hologramas, debidamente informatizada con una pantalla de grandes dimensiones. En ella había una joven japonesa de unos veinte años aproximadamente, con cabello negro como el ébano y ojos asiáticos de color jade; era Tochi, la hija de un gran amigo del pasado de Lyv. Todos la conocían, salvo Jack. La joven parecía bastante desesperada y la angustia estaba reflejada en sus ojos. Beck se sentía identificada, pues tiempo atrás había sentido tal angustia en su propia piel. Lyv se colocó delante de la cámara.

— ¡Tochi! – Exclamó Lyv, observándola con detenimiento — ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está tu padre? ¿Le ha pasado algo?

— Olyvia-san – Respondió la joven, con un acento japonés y un inglés medio – Necesito ayuda, mi padre lleva tres días encerrado en su habitación, lo único que dice es “el fantasma de Aokigahara”. No sabe que te he pedido ayuda.

— A ver, a ver, cálmate ¿quieres? – Respondió Lyv, tratando de calmarla – Habla con tranquilidad, y de forma pausada, por favor. Cuéntame.

Tochi se frotó intensamente los ojos y colocó la cámara de nuevo.

— No tengo mucho tiempo, pero es extraño. El lunes por la noche, terminó su turno en la fábrica de forma normal, como de costumbre. Sin embargo, no llegó a casa. Apareció al amanecer del día siguiente completamente embarrado, con los pies llenos de heridas y sin pronunciar palabra alguna. Hiro y Katsumoto intentaron hablar con él, pero no hubo manera, pero cuando anocheció se comportó como un auténtico loco. Solo decía palabras sin sentido, lo único que conseguimos deducir era la frase de “el fantasma de Aokigahara”.

— ¿Cuál es su estado ahora? – Preguntó Lyv, con un interés notorio en la expresión de su cara — ¿No ha dicho nada más?

— Absolutamente nada – Dijo Tochi – Tienes que ayudarnos, Lyv. Mi padre no sabe que te he pedido ayuda, me matará si se entera.

— Tranquila, has hecho bien – Respondió Lyv – ¿Tus hermanos saben que me has avisado?

— Sí, lo decidimos entre los tres – Dijo Tochi – Pero mi padre no lo sabe.

— Bien, mejor que no lo sepa hasta que lleguemos – Respondió Lyv – Escúchame, haz lo siguiente; vuelve a casa e informa a tus hermanos de que dentro de ocho horas estaremos allí, que tu padre no se entere hasta entonces, ¿de acuerdo?

— Está bien – Respondió Tochi, recobrando la calma en su mirada – Lyv, gracias.

— Tu padre me salvó la vida, Tochi, le prometí velar por él y su familia – Respondió Lyv – Así que no te preocupes. Tú haz lo que te he dicho.

Tochi asintió segundos antes de que la conexión se cortara. Lyv se quedó pensando unos minutos, siendo observada por todos los presentes, quizá esperando el reparto de tareas en aquel caso, al que sabían con certeza que Lyv no estaba dispuesta a pasar por alto. Sabían que Tochi Hiwoyima, al igual que su padre eran unas personas mucho más importantes para Lyv que cualquier caso que Glover pudiera traerle.

— ¿Lyv? – Preguntó Bones, rompiendo el hilo de concentración de Lyv.

— Sí – Respondió Lyv, pestañeando ligeramente – Al hilo de lo acontecido, este caso tiene preferencia para mí.

— ¿Y qué hay de Glover? – Preguntó Ashley.

— Es un caso sencillo, Beck y Charlie podrán llevarlo tranquilamente – Respondió Lyv – Jack, Ashley y yo iremos a Japón.

— ¿En serio? – Preguntó Ashley, ilusionada — ¿En serio vas a llevarme a Japón?

— Sí, no es de mi agrado porque todavía no controlas del todo tu poder, pero si esto está relacionado con el bosque de Aokigahara, te necesitaré – Respondió Lyv – Ese lugar está impregnado de muerte.

— Por algo lo llaman el bosque de los suicidas – Respondió Jack, quien descubrió a los presentes observándoles con sorpresa — ¿Qué? Que suela recurrir a la fuerza bruta no quiere decir que no sepa leer. Además, la cultura japonesa siempre me ha gustado.

— De hecho, en ese lugar hay un montón de señales para que aquellos que van a suicidarse desistan en su idea – Respondió Charlie – La última vez que hicimos una investigación allí los resultados no fueron concluyentes, había demasiadas interferencias y exceso en las mediciones telemétricas como para poder sacar algo en claro ¿qué esperas encontrar allí, Lyv?

— Lo que sea, Charlie – Respondió Lyv – Si consigo que Ujío me dé una descripción de lo que vio, sabré por dónde empezar. Creo que con las habilidades de Jack, las de Ashley y mi percepción psíquica podremos encontrar lo que quiera que haya atormentado a Ujío. Lo que me pregunto es ¿qué haría allí?

— Como todos los que van allí, suicidarse – Respondió Charlie.

— ¡Ni lo insinúes! – Exclamó Lyv – Me niego a creer que Ujío Hiwoyima pensase en acabar con su vida, tiene que haber otra razón.

— Solo era un comentario, Lyv – Replicó Charlie, con bastante incredulidad – Las emociones te ciegan a veces.

— Repito, me niego a creerlo – Respondió Lyv.

— Chicos, dejadlo ya – Dijo Bones – Vuestros caracteres a veces son incompatibles, dejad de pelearos ya y vamos al lío ¿no?

— Tienes razón, Bones – Dijo Lyv – De acuerdo, Beck y Charlie, dirigíos a Tinkers Creek.

— ¿Otra vez? – Dijo Charlie – Pero si ya investigamos allí.

— Lo sé, Charlie, lo sé – Dijo Lyv – Pero Glover insiste en que las apariciones continúan, y eso ocurrió porque el Gobierno o alguna administración fue tan sumamente incompetente que en vez de declarar el terreno no edificable por razones obvias y derribar la casa, lo que hizo fue cedérsela a unas monjas para un orfanato. Evidentemente los niños están asustados y las monjas creyendo que ese lugar lo guarda el diablo.

— Sólo son fantasmas que quieren descansar en paz – Respondió Beck — ¿Qué quieres que hagamos?

— Quiero que hagáis otra vez pruebas tales como grabaciones, pruebas telemétricas, aplicar infrarrojos y sensores de calor, etc. El procedimiento para una casa encantada, ya sabéis.

— Está bien – Dijo Beck — ¿Y vosotros?

— Jack, Ashley y yo, iremos al monte Fuji, cerca de Aokigahara, a ver qué demonios está pasando allí – Dijo Lyv, mirando a Jack – Creo que estás preparado para un trabajo de campo, y tú también Ash.

— ¡Bien! – Exclamó la joven mientras salía corriendo de la sala de hologramas. A pesar de todo lo que podría aparentar, Ashley representaba el espíritu de la niñez en persona.

— Yo seré el enlace aquí – Dijo Bones – Os informaré de lo que necesitéis, sólo tenéis que llamar.

— Conforme – Dijo Lyv – Bueno, a trabajar.

Todos los miembros del equipo salieron de la sala de hologramas y comenzaron los preparativos para comenzar los trabajos asignados. Beck y Charlie tuvieron una reunión bastante más tranquila y amena con Glover, quien les informó de todo lo que precisaban para realizar su trabajo correctamente. De aquella reunión podía deducirse que Glover no tenía ningún problema personal con Skyworld, sino con Lyv.

Por su parte, Jack se vistió con ropa cómoda para la ocasión, tal como pantalones multibolsillos y camiseta negra. Se sentía cómodo desde que había abandonado el traje al incorporarse a Skyworld, al igual que con el mismo equipo. Pero en lo más recóndito de su alma, comenzaba a sentir una atracción extraña hacia Lyv. El misterio que irradiaba aquella mujer la hacía atractiva a sus ojos; sin embargo, sabía que Lyv ocultaba en su corazón una profunda carga, y que llevarla en solitario le hacía daño. Ella pasaba horas y horas en el fondo de la biblioteca del complejo, en una zona completamente prohibida para los miembros del equipo, salvo para Bones. En aquella zona se encontraban todos los manuscritos escritos de puño y letra del propio Merlín, guardados y custodiados con sumo cuidado y respeto por Lyv.

La joven observaba un cuadro pintado con escrupulosa técnica, que parecía más bien una fotografía que un cuadro pintado. En él aparecía Lyv, en compañía de Merlín, a quien recordaba siempre con su túnica azul zafiro y su sombrero de pico. En la representación, él colocaba su mano con ternura en el hombro de Lyv, lo cual hacía que la joven se sintiera presa de la melancolía al recordar a su padre, quien le había transmitido todos sus conocimientos y su carácter a Lyv, cariñosamente apodada por él como su “tesoro más preciado”. Bones la observaba desde la entrada de la sala con profunda tristeza al ver a Lyv observando ese cuadro, no hacía falta verla de frente para saber con certeza que lloraba y sentía pena al contemplar cómo se aferraba al recuerdo de su padre, vivo todavía en su corazón.

— ¿Cuándo podrás observar ese cuadro sin echarte a llorar? – Preguntó Bones, poniendo su mano en el hombro de Lyv – Te haces daño a ti misma.

— No sé si llegaré a poder hacerlo – Respondió Lyv – Cuando lo miro siento que él me observa desde donde quiera que esté, y me pregunto a la vez qué pensaría de mí y de lo que hago.

— No le conocí, pero estoy seguro de que si te pareces a él, estaría muy orgulloso de ti – Respondió Bones – Y estoy seguro de que Jack también le gustaría.

— ¿De qué hablas? – Preguntó Lyv, dándose la vuelta.

— Vamos, Lyv – Dijo Bones – Puede que los demás no se hayan dado cuenta, pero te conozco perfectamente y sé cuándo estás enamorada. Sé lo que sientes por Jack, puedes mentirle a todos y fingir que eso no es verdad, pero conmigo esa táctica no te funcionará nunca.

— A veces odio ese fallo en el conjuro – Respondió Lyv con una ligera sonrisa – De todas formas, lo mío con Jack es imposible. Primero, porque él jamás se enamoraría de alguien como yo, y segundo, porque él es un nigromante, su contacto conmigo me debilita y me hace daño, recuerda lo que pasó con Leo.

— Creo que encontrarás una solución, tarde o temprano – Dijo Bones.

— No creo que la encuentre, he estudiado estos manuscritos una y otra vez, y si mi padre no la encontró, dudo mucho que yo pueda encontrarla. Él fue mi maestro también, y sabes que nunca falló en ningún momento – Respondió Lyv – Salvo en aquella ocasión…

— Sí, ya lo sé, aquella en la que el hechizo falló y te hizo inmortal para toda la eternidad – Respondió Bones – Pero no es eso lo que te atormenta, ¿verdad?

— No, lo que me atormenta es que por culpa de ese maldito hechizo que yo practicaba, él murió y yo fui castigada con la inmortalidad para toda la eternidad. Eso es lo que me atormenta. Yo fui la causa de que él muriera, siempre me dijo que no estaba preparada para ese tipo de magia, ¡qué razón tenía!

— Lyv, tienes que entender que no fue culpa tuya – Respondió Bones – Tu padre era un gran mago y hechicero, el más grande de todos los tiempos, y ha dejado en este mundo a una invocadora poderosa y con un gran corazón. Nadie merece la culpa que llevas arrastrando toda tu larga vida. Tienes que liberarte.

— Eso no es tan fácil, Bones – Respondió Lyv, con los ojos de nuevo inundados en lágrimas – Yo le maté, y ningún hijo mata a su padre. Si se lo contara a los demás, ¿qué pensarían de mí?

— Eso no debería importarte, creo que tus actos hablan por sí solos, Lyv – Respondió Bones – Has ayudado a mucha más gente de la que muchos quisieran, has salvado vidas. Te quieren y te respetan, todos nosotros, incluido Jack, aunque lleve poco tiempo en el equipo. Hasta que no te liberes de esa culpa no podrás vivir tranquila.

— No creo que eso ocurra nunca, Bones – Respondió Lyv – Pero pensaré en ello, ¿vale?

— De acuerdo – Dijo Bones – Jack te espera, no para de preguntar cómo piensas conseguir billetes para ir a Japón en ocho horas.

— ¡Qué hombre de poca fe! – Exclamó Lyv — ¿No le has dicho que tenemos un Jet?

— Quería que fuera una sorpresa – Respondió Bones – Por cierto, ¿has sacado algo de Lex?

— No creo que pueda sacar nada de Lex, pero sigo intentándolo – Dijo Lyv – Tengo que averiguar si Leo creó su filacteria antes de morir.

— Pues si la creó, hay que encontrarla, recuerda que quien encuentre la filacteria podrá ser objeto de posesión – Respondió Bones – Intentaré averiguar algo.

— Bueno, tengo trabajo que hacer – Respondió Lyv dirigiéndose a la entrada – Vigílame el complejo, recuerda asegurar las celdas, no quiero que ningún prisionero escape.

— Tranquila, preciosa – Respondió Bones – Te lo guardaré como si fuera mi tesoro más preciado.

Lyv sonrió y salió de la sala en dirección al vestíbulo. Secó sus lágrimas mientras caminaba, no quería que nadie la viese triste, a pesar de que el propio Jack se había dado cuenta hacía tiempo. Jack la esperaba en el vestíbulo, debidamente preparado tanto para el ataque como para la defensa. Cuando Lyv le vio se echó a reír.

— ¿De qué te ríes?

— De lo exagerado que eres, sólo vamos a inspeccionar, no creo que te hagan falta ni la mitad de los amuletos que llevas – Respondió Lyv, entrando en el ascensor.

— A todo esto ¿cómo piensas llegar a Japón en ocho horas? ¿No te estás pillando un poco los dedos?

— Tengo un avión, Jack, no dependo de horarios – Respondió Lyv – Anda vamos.

— No sé por qué todavía me sorprendo – Respondió Jack.

Y dicho esto ambos se dirigieron a la superficie del ascensor para tratar con pies de plomo el asunto que tenían entre manos. A criterio de ambos, Aokigahara era un lugar que merecía mucho respeto, y sobre todo, mucho trabajo.

Skyworld_Segundo Episodio_Capítulo II_Un poco frustrado

II

 

Habían pasado tres meses desde que Jack Frostmourne se incorporase a Skyworld y comenzase el entrenamiento de sus poderes como nigromante natural. Su mudanza había sido rápida y su casero no había tenido ningún reparo en devolverle el depósito que realizó años atrás. Su gata, Saphira, parecía bastante contenta con su nuevo hogar, con la tranquilidad para Jack de que no podía escaparse a ninguna parte. Las enseñanzas adquiridas mediante manuales de magia y hechicería, así como de alquimia y runas antiguas. Jack había demostrado una capacidad de aprendizaje superior a la de cualquier otro aprendiz en Skyworld que le había precedido, lo cual hacía que Lyv y los demás estuvieran muy satisfechos con la adquisición en el equipo.

Por su parte, Lyv continuaba en su investigación personal sobre la posible presencia de Leo Cavalcanti; acudía cada semana a la celda de Lex Auditore para intentar sonsacarle algo más sobre quien todos catalogaban como “el innombrable”, y que sólo Lyv llamaba por su nombre; sin embargo, el odio que Lex sentía hacia Lyv en aquel momento era demasiado grande como para obtener algo positivo de su conducta. No obstante, Lyv no perdía la esperanza, si algo había aprendido en sus más de mil años de vida era tener paciencia y saber esperar.

Aquella mañana de diciembre era especialmente fría, pero en Skyworld no había problemas con ello, Lyv se había ido encargando de mantener esa base protegida de todas las condiciones climatológicas adversas; nada de humedad, frío en invierno, calor en verano… Jack se encontraba en la sala de alquimia con Bones, quien era el único capaz de no sufrir daño alguno por cualquier hechizo que pudiera salirle mal a Jack. Cada golpe que Jack le infligía, era como un buen chute de energía para Bones, dado que su condición era pura energía oscura procedente de la muerte.

Jack había agudizado sus sentidos y era capaz de sentir cada vez más cualquier presencia sobrenatural en todo lugar al que había acudido. No obstante, empezaba a estar un poco harto de que se le mantuviera al margen alegando falta de entrenamiento. Por una parte, Lyv no quería exponerle a que le hiciesen daño hasta que no estuviese completamente preparado; por otra, intentaba encontrar una manera de poder trabajar con Jack sin que la energía oscura que irradiaba desde el inicio de su entrenamiento no le hiciese daño.

Mientras Jack se encontraba practicando con sus poderes en la sala de entrenamiento, situada unos niveles más abajo del vestíbulo principal, Lyv le observaba desde la cristalera previa a la puerta de acceso. Jack parecía algo frustrado y se encontraba empapado en sudor, dado el esfuerzo que requería el uso de su poder y la efectividad que Jack se exigía a sí mismo. Bones se encontraba frente a él, intentando que alcanzase un cierto grado de concentración. Jack estaba rodeado de un aura oscura que Lyv observaba con un notorio gesto inquieto en su rostro. “Recuerda que la fuerza y el poder de la magia blanca encuentra sus pilares en la debilidad a la magia oscura”, aquellas palabras de Merlín cuando contaba con tan solo cinco años de edad habían quedado grabadas a fuego en su memoria, persiguiéndola desde aquel día allá donde iba.

La concentración de energía que Jack había acumulado durante varios minutos sin apenas esfuerzo fue proyectada desde su interior totalmente fuera de control. Los efectos fueron absolutamente notorios en las paredes, en el suelo, el techo, incluso en el propio Bones; con la salvedad de que mientras el suelo, las paredes y el techo habían quedado completamente calcinados, Bones se veía totalmente fortalecido, como quien ha tomado un buen café cargado por la mañana. Jack miró a Bones apretando un poco los dientes.

— Y por trigésimo octava vez no has podido salvar al mundo – Respondió Bones – Tienes que concentrarte Jack.

— ¿Todavía más? – Preguntó el joven – Llevo aquí más de dos meses, encerrado a cal y canto unas veces en la biblioteca, otras en la sala de alquimia, otras rodeado de hierbas y pociones… y otras aquí, intentando hacer lo que sea que pretendes que haga.

— ¡Alto ahí! – Exclamó Bones – Se supone que lo que pretendo que intentes hacer es que concentres tu energía oscura para proyectarla hacia tu enemigo… es cierto, lo has hecho, ¡¡pero sin tocar nada más!!

— Se suponía que tú eras el enemigo, actúo como una bomba, siempre hay daños estructurales – Respondió Jack, intentando quitarle hierro al asunto – No consigo focalizar la energía en un solo punto. No lo consigo.

— ¿Tanto trabajo te cuesta reconocerlo? – Preguntó Bones – Llevas diez veces diciendo que es por estética, porque te da la gana o porque sencillamente se te ha ido la mano.

— ¡¡Deja de sermonearme!! – Gritó Jack mientras se quitaba el sudor de la frente – Estoy harto de estar aquí encerrado, acepté trabajar en Skyworld para salir, tener acción y participar en las misiones, y por ahora lo único que he hecho ha sido estar de apoyo en la base mientras entrenaba. Estoy harto de libros, hechizos, maldiciones, y demás… ¡Quiero acción! ¡Lyv no tiene derecho a tenerme aquí encerrado! ¡Deseo ser liberado!

— Deseo concedido – Dijo Lyv mientras abría la puerta de la sala de entrenamiento – No hace falta que te pongas tan revolucionario, hay que andar antes que correr.

— Ochenta y dos días leyendo viejos, polvorientos e inútiles manuscritos y libros de trucos de magia – Respondió Jack, mirando a Lyv con desaprobación – ¡Estoy hasta las narices! Lo que necesito es acción, salir, actuar como un agente de campo.

— Para tu información, esos viejos, polvorientos e inútiles manuscritos y libros de trucos de magia… son los catones de la magia y la hechicería, y no lo digo porque sean obras de mi padre – Respondió Lyv, un poco indignada – Todos los que han estado aquí han pasado por una fase de entrenamiento y aprendizaje previo, cuando han estado preparados han salido en misiones… y a ti te pasará lo mismo.

— ¿Después de cuánto tiempo? – Preguntó Jack, con los ojos en blanco – Charlie tardó dos semanas.

— Sí, y Beck tardó un año hasta que consiguió controlar del todo sus poderes y dejó de ser un peligro público – Respondió Lyv – Y Ashley todavía está en período de aprendizaje dado su don. La única vez que me la he llevado en un trabajo de campo no fue una buena idea. Cada pared, cada farola, cada puerta o ventana le provocaba visiones y está intentando aprender a controlar su poder.

— ¿Quieres decir que pueda tocar cualquier cosa, y luego ver si hay algo? – Preguntó Jack – En los manuales me ha costado entender la empatía.

— Porque todos los que han intentado investigar la empatía no han podido esclarecer muchas cosas, y todo es muy difícil de aprender – Respondió Lyv.

— Muy bien, lo he pillado, muñeca – Respondió Jack, haciendo aspavientos con las manos — ¿Y por qué requiero yo tardar más que los demás?

— Porque eres un nigromante, y si me permites el comentario, uno de los más poderosos que he podido ver hasta la fecha – Respondió Lyv – Llevas un mes practicando tu poder tras la lectura de los manuscritos, y después de un mes eres capaz de sentir todo tipo de energía del más allá, tal como espíritus y demás fenómenos que tengan que ver con la energía oscura. Estás desarrollando tus poderes a pasos agigantados, y eso creo que va a salvarte.

— ¿Perdón? – Preguntó Bones – Si todavía no focaliza bien. Además, seguimos sin encontrar una forma de…

— Es un riesgo mínimo, Bones, lo asumiré – Respondió Lyv – En cuanto nos salga un caso te llevaré conmigo para que pongas en práctica tus conocimientos. Tienes mi palabra.

— ¿Tu palabra vale algo? – Preguntó Jack, con cierto tono de broma.

— Tú sabrás – Respondió Lyv con una sonrisa en los labios. En aquel momento el altavoz de la sala de entrenamiento comenzó a emitir un pitido – Seguro que es Glover, y esa palabra sí que no vale una mierda.

Jack comenzó a reír con intensidad ante las palabras de Lyv; la joven correspondió al gesto y se acercó al teclado del interfono.

— Dime Ash, ¿qué pasa? – Contestó Lyv.

— Glover está aquí, quiere hablar contigo – Respondió Ash por el interfono – Parece que tenemos un nuevo caso.

— De acuerdo Ash, gracias – Respondió Lyv mientras cerraba la comunicación. Su reacción fue un resoplido de frustración – Le odio, a ver qué demonios nos trae esta vez. La última vez fue de traca, un espíritu que merodeaba por un edificio de hacienda de noche. No es por no hacer el trabajo, pero quieren tocar demasiado las narices, se creen que somos cazadores de fantasmas o algo así.

— ¿Y por qué no le mandas sencillamente a paseo? – Preguntó Jack – Ya lo hiciste hace tres meses.

— Porque soy una mujer de palabra, y le prometí a un gran amigo mío que siempre velaría por la seguridad del mundo – Respondió Lyv – Y por suerte o por desgracia… siempre cumplo mis promesas. Todos los casos sobrenaturales de los que el Pentágono tiene constancia siempre pasan por mi despacho, a través de Glover. Es el peor enlace que he tenido en cincuenta años, idiota y con poco cerebro, además de ambicioso y sediento de ascender en el escalafón con más rapidez y éxito de los demás. Joder, se acostó con la mujer de un político para conseguir su puesto.

— ¿Y ese amigo tuyo de hace muchos años… no será por casualidad algún presidente? – Preguntó Jack, interesado en aquella historia – Venga, Lyv, suéltalo.

— Te lo contaré más tarde – Sentenció la joven – Ahora tenemos trabajo. Vamos.

Jack suspiró y acompañó a Lyv y a Bones al ascensor en dirección al vestíbulo, donde recibirían a Terrence Glover y aceptarían otro caso ridículo que podrían resolverlo en poco más de cuarenta y ocho horas, al menos eso era lo que pensaban Jack y la propia Lyv.

Skyworld_Segundo Episodio_ Capítulo I_Aokigahara

I

 

Las señales de advertencia estaban en numerosos idiomas. “Si planea suicidarse, busque ayuda”, tanto en japonés, como en inglés. Sin embargo, en aquella extensión de bosque generalmente solían hacer caso omiso de las advertencias aquellos pobres que sólo pensaban en quitarse la vida, sin ningún otro motivo para vivir. Aquel pobre operario endeudado hasta las cejas caminaba sin rumbo, buscando el lugar idóneo para apretar el gatillo de su pistola y dejar este mundo que él consideraba cruel.

Era más de medianoche, su turno había acabado hacía tres horas y había dejado a sus tres hijos, Tochi, Hiro, y Katsumoto en la cama; profundamente dormidos para que no le siguiesen a aquel lugar, santo para muchos, y maldito para otros. La piedra volcánica que reinaba en aquel mágico lugar por las numerosas erupciones que habían ocurrido años atrás por el Monte Fuji, impedía el uso de herramientas como picos o palas para excavaciones y derivados. Ujío Hiwoyima caminó sin rumbo fijo entre los árboles del bosque, bajo la luz de la luna llena en una noche despejada y propicia para cualquier otra cosa que no fuese suicidarse. Tras varios minutos caminando por aquel lugar, llegó a la orilla del lago Sai. Observó el lugar que desde aquel momento sería su tumba para siempre. Contaba con que a la mañana siguiente, personas desconocidas para él encontraran su cadáver y comunicara su muerte a sus tres hijos, quienes creía que seguirían adelante con sus vidas sin continuar con quien se consideraba a sí mismo una carga.

Se arrodilló en la orilla, sintiendo el agua fría mojando sus pantalones a la altura de sus rodillas. Lágrimas amargas caían de sus ojos, cargadas de un profundo sentimiento de culpa al no tener la suficiente valentía para poder afrontar los requerimientos de sus acreedores para que hiciese frente a los pagos de sus deudas contraídas años atrás. Sacó su pistola del bolsillo sin dejar de sollozar y miró hacia el horizonte, colocó el cañón de la pistola en su sien derecha y la amartilló. Posiblemente segundos después de una conducta dubitativa por las consecuencias que tendría aquel acto, habría apretado el gatillo; sin embargo, por alguna vicisitud del destino, un susurro interrumpió su acto. La desesperación que aquel momento sentía Ujío se transformó en miedo. Corrían rumores de que aquel lugar estaba maldito con presencias fantasmales de todos los suicidas que habían acabado sus miserables días en aquel bosque, sin embargo aquel susurro estaba cargado de odio y de una intención que era de todo, menos buena.

Ujío se levantó y se giró lentamente, completamente aterrorizado ante la brisa gélida que invadió el lugar, era una esencia cargada de odio, de rabia, y de muerte. Ujío temblaba, desde la punta de sus dedos de los pies, hasta el último pelo de su cabeza. Miró con detenimiento el bosque, que comenzaba a verse inundado por una fantasmagórica niebla que emanaba del lugar de donde había venido. Comenzaron a oírse sonidos de cascos de caballos, así como relinches y demás sonidos animales. Aquellos sonidos fueron seguidos de sonidos metálicos de espadas, como si en aquel lugar se estuviese librando una batalla a la vieja usanza, en la época de los auténticos y clásicos samuráis. Ujío dio varios pasos atrás hasta que en sus ojos se dibujó una expresión de pavor y terror, que en cualquier momento le habría vuelto completamente loco. Vio acercarse ante él una figura fantasmagórica de un jinete montado en un majestuoso corcel negro, corriendo hacia él con lo que parecía una katana en la mano apuntando directamente a su corazón. Ujío no pudo hacer otra cosa que echar a correr despavorido como alma que llevaba el diablo en dirección a la salida del bosque Aokigahara. Sólo deseaba huir, como si aquella figura le hubiese disuadido de la idea de quitarse la vida. Tenía en la mente la imagen de sus tres hijos dormidos en sus camas, que verían llegar a su padre con una expresión de terror en sus ojos sin que ninguna palabra pudiese salir de sus labios.

El jinete le perseguía, como un guerrero persigue a su enemigo con una intención desconocida. Cuando llegó a la linde del bosque, a pocos kilómetros de su casa, Ujío tropezó con una piedra que le hizo caer estrepitosamente al suelo. El aire le faltaba y se sentía exhausto, sin siquiera capacidad de volver a levantarse. El jinete se acercó y se colocó justo frente a él, le apuntó con la katana directamente al cuello y se limitó a hacer que se levantase.

— Por favor… no me matéis – Dijo Ujío con un hilo de voz por la falta de aire – He aprendido la lección, no quiero morir.

— ¿Matarte, buen hombre? – Preguntó el jinete, con voz grave e imponente – No voy a matarte, sólo quiero que entregues un mensaje por mí.

— ¿No vais a matarme? – Preguntó Ujío, sorprendido ante la actitud del jinete, quien bajaba la katana y la enfundaba en un único gesto — ¿Qué mensaje queréis que entregue? ¡Lo haré gustoso si con ello me perdonáis la vida!

— Envíale un mensaje a Shuzai Enomoto – Respondió el jinete — ¡Dile a ese traidor que cumpla su parte del trato!

— No termino de comprender – Respondió Ujío, levantándose del suelo con temblores en las piernas, propio del cansancio – No conozco a ningún Shuzai Enomoto.

— ¡Haz lo que te digo! – Gritó el jinete con tono estridente que emanaba un pestilente aroma a muerte — ¡¡Ya!!

Dichas estas palabras el caballo del jinete se alzó ante Ujío sobre sus patas traseras y comenzó a mover violentamente las delanteras con la intención de aplastarlo si el anciano no comenzaba a correr, cosa que hizo. Ujío salió de la linde del bosque, esta vez sólo, sin ser perseguido por el jinete. El terror de su rostro era visible a kilómetros de distancia; sólo deseaba llegar a su casa y poder abrazar a sus tres hijos y reflexionar sobre lo valiosa que era su vida en el mundo, al menos para su pequeño mundo. Paró un momento para descansar, a pocos metros de donde había tenido la conversación con el jinete. Se giró para comprobar si le perseguía; sin embargo, para su sorpresa y para añadir mayor pavor a la situación, Ujío pudo comprobar cómo el jinete cabalgaba rodeando el bosque y, como un fantasma, desaparecía del lugar entre la niebla que había precedido su presencia. Ujío sólo pudo sentir terror e incertidumbre, pues no alcanzaba a entender por qué aquel jinete le había confiado la tarea de entregar aquel mensaje que parecía completamente fuera de su tiempo, dada la vestimenta del jinete. Estaba completamente seguro de que aquel fantasma era un demonio que exigía atención, y sólo conocía a una persona capaz de darle una explicación que aclarase la situación: su antigua amiga del pasado, Olyvia Gyllenhall.

Skyworld_Capítulo IX_Un Libro Abierto (Último)

IX

 

Cuando Lyv y Jack llegaron a la zona de las mazmorras la visión de todo el complejo no era nada en comparación con aquello. Parecía una mazmorra propia de la Bastilla de la Revolución Francesa. Las paredes del suelo eran de fría piedra antigua, era como si Lyv en el pasado hubiese mandado construir esa mazmorra con tintes conservadores de aquella época, a fin de cuentas era lo que había conocido siempre. Lo único que destacaba eran las puertas de cristal blindado con un teclado numérico en la parte izquierda de cada mazmorra, tecnología para que los prisioneros no pudieran escapar de allí. En aquel pasillo subterráneo había un total de dieciséis celdas, donde cuatro de ellas estaban ocupadas por diferentes seres que Lyv había encarcelado tiempo atrás y condenado a permanecer allí para el resto de sus días, incluso algunos para toda la eternidad.

Lyv caminó despacio, reflexionando y ordenando sus pensamientos a la hora de enfrentarse a Lex Auditore, su amigo, su aprendiz en el mundo del esoterismo y la alquimia; aquella situación era violenta para ella, pues se sentía en desventaja para su prisionero, necesitaba armarse de valor a cada paso que daba hacia su celda y sonsacarle la información que necesitaba sin recurrir a la fuerza. No quería hacerle daño, a pesar de que él la había traicionado, en lo más recóndito de su alma había un poco de piedad hacia aquel que había proferido una traición rastrera y ruin hacia ella.

Cuando llegó a la puerta de su celda respiró hondo, pausadamente, concentrándose y temiendo las consecuencias de sus actos a partir de aquel momento. Jack la observó, por algún extraño motivo se sentía en deuda con ella, le había salvado la vida y aquella deuda era difícil de saldar.

— ¿Estás bien? – Preguntó, mientras la joven marcaba el código de cinco dígitos que abría la puerta – No tienes buen aspecto.

— Claro, estoy bien – Respondió, convenciéndose a sí misma de que era cierto – No tienes por qué estar presente si no quieres.

— Quiero hacerlo, sé que es duro para ti – Respondió Jack, poniéndole una mano en el hombro con suavidad.

— Gracias, Jack – Dijo Lyv, esbozando una sonrisa en sus labios, casi inapreciable a simple vista. Acto seguido, giró la vista hacia la puerta que se abría hacia ellos.

La estancia era pequeña, pero procuraban que los prisioneros no estuvieran en malas condiciones. Cada celda tenía una cama individual, no tenía ventanas dado que se encontraban muy bajo tierra; sin embargo, aquel pequeño espacio estaba inmerso en una temperatura gélida, a pesar de que no había humedad. En el rincón más profundo de la celda se encontraba Lex Auditore, encadenado por el pie derecho con un grillete de plata con diversas runas grabadas. Su aspecto no era como el que Jack recordaba, ante ellos se encontraba un hombre con el rostro desgarrado por la rabia y el odio, la expresión impasible y gélida de sus ojos llegaban incluso a congelar todavía más la estancia, si aquello fuese posible. Lex observó a Lyv, fijamente a los ojos, y ella le devolvió la mirada, como si ambos quisiesen leer sus pensamientos a través de los espejos de sus almas.

— ¿Piensas dejarme aquí? – Preguntó Lex, sin moverse de donde estaba – Pensé que no ibas a tener valor para enfrentarte a mí.

— ¿Por qué, Lex? – Preguntó Lyv, no estaba dispuesta a entrar en su juego. Tenía muy claro lo que quería – ¿Por qué no acudiste a mí cuando supiste que tu hijo era un vampiro?

— Mataste a mi hijo, y eso es algo que jamás te perdonaré – Respondió Lex.

— Yo no le maté, Lex, bien lo sabes – Respondió Lyv, impasible ante él – Él se condenó a sí mismo. Cuando bebió la sangre de Jack él mismo se suicidó, estaba bebiendo la sangre de un nigromante.

— Debiste dejarme controlar la situación – Replicó Lex.

— ¿Para qué? – Preguntó Lyv — ¿Para que siguiese matando? No, Lex, cuando entraste en Skyworld hiciste un juramento. Proteger a la humanidad de todo ente sobrenatural oscuro sin contravenir las leyes de la magia. Rompiste ese juramento que para mí es sagrado, y eso solo tiene una consecuencia. La sentencia es la muerte.

— ¿Vas a matarme por proteger a mi hijo? – Preguntó Lex, sorprendido – Si fueras madre no dirías eso.

— Es cierto, no soy madre, y puede que nunca lo sea porque no quiero ver cómo el tiempo pasa para mis hijos, es contranatura que un padre vea morir a un ser que ha nacido de él – Respondió Lyv – Sin embargo, estoy segura de que protegería a mis hijos de cualquier cosa, incluso de sí mismos. Decir estas palabras te parecerá una infamia, pero es lo que es, los vampiros son como drogadictos. Cuando prueban sangre quieren más, y más, hasta el punto en que no pueden parar. Tú sabías eso, y actuaste en contra de nuestros principios; principios de los cuales te has regocijado durante todo el tiempo que ha durado este caso. No he sido yo la que ha condenado a tu hijo, sino tú mismo.

— ¡Eso no es cierto! – Exclamó Lex, indignado – Te odio, Lyv Gyllenhall. Estoy seguro de que todo lo malo que has hecho a otros se te volverá en contra, y pagarás por tus culpas.

— Ya lo estoy pagando, Lex, me vi obligada a matar al único amor que he conocido para evitar que siguiese haciendo daño a los inocentes… ¿qué más necesitas para saber hasta dónde soy capaz de llegar? – Preguntó Lyv, apoyándose en la pared. Cada palabra que Lex dirigía contra ella era un puñal envenenado que rasgaba cada pedazo de su alma; sin embargo, no iba a dejar al descubierto esa debilidad – Debiste pedirme ayuda. Creé y administré un banco de sangre para los vampiros que están de nuestro lado, y lo creé con tu ayuda, ¿por qué no le entregaste a tu hijo esa sangre? ¿Por qué dejar que asesinara?

— Quería experimentar el placer de cazar – Dijo Lex, su tono de voz se volvió frío, carente de sentimientos – No podía negarle nada a mi hijo.

— No sé quién fue peor… si el cazador asesino o su propio padre que lo animaba a ello – Respondió Lyv.

— ¿Vamos a seguir más tiempo con esto? – Preguntó Lex – Me das asco.

— Sólo una última cosa – Respondió Lyv — ¿Por qué me llamaste “pequeña luz errante”?

— Quería captar tu atención.

— Pues lo hiciste – Dijo Lyv – Dime, ¿llegó a crear Leo Cavalcanti su filacteria? Eres investigador y has tenido acceso a todos los archivos y diarios de esta base. Tienes que saberlo.

— ¿Cómo voy a saberlo? Ocurrió hace más de cien años – Respondió Lex, quien anhelaba echar balones fuera de su campo para que Lyv dejase de hablar — ¿Pero por qué me preguntas a mí? ¡Fuiste tú quien le mató!

— Eso creía hasta hace tres días – Respondió Lyv – No eras tú el que hablaba, ¿verdad?

— No sé de qué me estás hablando – Dijo Lex, cuyo nerviosismo era más que evidente. Quería mentir de alguna forma, pero ante Lyv era imposible – Hablas como si hubiera sido otro el que hablara.

— Ahí es adonde quiero llegar – Respondió Lyv — ¿Alguna vez has llegado a perder el control de tu cuerpo pasando a ser un simple observador de tus actos? Puede que no te lo creas, Lex, pero quiero ayudarte. Si Leo está vivo en alguna parte, tengo que destruir el pedazo de su alma para que no vuelva a hacer daño.

— Te repito, no sé de qué me estás hablando, y aunque lo supiera tampoco te lo diría – Respondió Lex – No eres diferente de Leo Cavalcanti, Lyv, la magia blanca es tan peligrosa como la oscura.

— Cierto, pero cada uno decide por sí mismo cómo quiere utilizarla – Respondió Lyv, con un tono de voz más enfadado – Uno elige quién o qué quiere ser, Leo Cavalcanti se dejó corromper por el poder de la magia oscura…

— Por protegerte y salvarte a ti, sus intenciones eran buenas – Respondió Lex.

— El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones – Sentenció Lyv – No tienes ni idea de lo que Leo era capaz de hacer.

— Puedo hacerme una idea – Respondió Lex.

— No tienes ni idea, Lex – Replicó Lyv – He visto cómo le arrancaba cada aliento de vida a hombres, mujeres y niños de un plumazo, cómo se hacía más poderoso por medio de arrebatar vidas inocentes… ¡Ese era Leo Cavalcanti! ¡Un tirano! ¡Un ser monstruoso que se corrompió! ¡No era una víctima!

— ¿No te das cuenta? Todo aquello que tocas acaba dañado – Respondió Lex, tratando de herirla en lo más recóndito de su alma – Todos y cada uno de los proyectos personales que has emprendido han sido un auténtico fiasco. Leo sacrificó su humanidad por ti, y todas las personas que hemos formado parte de tu vida han acabado dañadas de alguna forma. Piénsalo Lyv, eres un arma de doble filo. Tanto si se te ama, como si se te odia… nos dañas de cualquier forma.

— Creo que deberíamos dejarlo con sus desvaríos, Lyv – Intervino Jack, observando el rostro de Lyv, que reflejaba dolor con cada palabra que Lex dirigía contra ella – Dejémoslo estar aquí.

— Sí, porque no pienso decirte una mierda – Respondió Lex, observando cómo Jack tomaba a Lyv del brazo con suavidad – Disfruta viendo cómo todos a los que quieres envejecen y mueren… cómo el tiempo pasa para todos menos para ti…

— Puede que ahora no quieras hablar, Lex – Dijo Lyv, fijando sus ojos negros en los de Lex esperando ver algo más en su interior – Pero te aseguro que tú vivirás esa eternidad conmigo, porque vendré aquí cada noche para preguntarte lo mismo una y otra vez, y sabes que no pararé hasta que me digas lo que quiero saber.

— Veremos quién aguanta más, Lyv Gyllenhall – Respondió Lex.

Dichas estas palabras Lyv siguió el consejo de Jack y ambos salieron de la celda de Lex. Aquella conversación quedaría grabada en la memoria de Lyv para toda la eternidad. No tenía muy claro la coherencia de lo que Lex había dicho. Estaba segura de que no podría dormir tranquila hasta que supiera la verdad sobre Leo Cavalcanti. Por ahora no había nada más que investigar, tan solo repasar las pertenencias de Leo una y otra vez, así como sus diarios y cartas. Estaba segura de que si Leo creó su filacteria, alguien debía saberlo. Jack la observó detenidamente intentando deducir su estado de ánimo por la expresión de su rostro. Ambos llegaron al ascensor y comenzaron a subir.

— ¿Estás bien? – Preguntó Jack.

— Preguntaste eso cuando bajamos – Respondió Lyv, sin siquiera dedicarle una mirada a Jack — ¿Qué fue lo que te respondí?

— Que estabas bien.

— Ahí tienes tu respuesta.

— ¿Qué vamos a hacer ahora? – Preguntó Jack.

— De momento, reorganizar el equipo y continuar con nuestras vidas – Respondió Lyv – Lex no hablará tan fácilmente, y si tengo que averiguar algo, será sin su ayuda. Cuento con ello.

— Sin su ayuda, pero cuentas con todo el equipo – Respondió Jack, revolviéndole el pelo – Estoy dispuesto a aprender todo lo posible del mundo de la magia. Quiero estar con vosotros… si me aceptáis a mí y a mi gata.

— ¿Tienes una gata? – Preguntó Lyv, con una ligera sonrisa.

— Así es… se llama Saphira – Respondió Jack – Espero que no te importe.

— De acuerdo – Dijo Lyv – Además, los gatos son animales místicos que pueden ayudarte en tu aprendizaje.

Jack asintió, y ambos subieron al vestíbulo con la intención de finiquitar aquel caso y enlazar con el entrenamiento que le esperaba a Jack durante los meses siguientes. Sería difícil, pero Lyv creía en él, y estaba segura de que llegaría lejos, más incluso que el propio Leo Cavalcanti.

Skyworld_Capítulo VIII_Toda la verdad

VIII

 

 

— ¿Jack? – La casi inaudible voz de Ashley sonaba con mucha suavidad en el oído de Jack, parecía un ángel que intentaba despertar al moribundo de los brazos de la muerte. No sentía su cuerpo, ni siquiera sus párpados, no podía despertar.

¿Jack?

“Estoy despierto”, pensaba cuando oía la voz de la joven en su oído. Deseaba con todas sus fuerzas que le oyese, pero aún faltaban varios minutos para que su cuerpo comenzara a responderle. Cuando pudo abrir los ojos pudo observar las alegres expresiones de Beck y de Ashley, observándole con gesto cansado como si hubiesen estado despiertas toda la noche. Observó a su alrededor, estaba en una camilla rodeado de un cableado y completamente monitorizado; el latido de su corazón era continuo, y en el monitor se reflejaba que sus constantes eran estables. El cuello ya no le dolía, pero sí notaba la tirantez de un esparadrapo alrededor de la zona donde anteriormente habían estado los colmillos del vampiro. Lo único que sí lamentaba era un agudo y molesto dolor de cabeza.

— ¡Hey! – Exclamó Beck, ilusionada al verle despierto — ¿Qué tal estás? Creíamos que te morías.

— ¿Dónde… estoy? – Preguntó Jack, colocando sus manos sobre las sienes para intentar aminorar el dolor de cabeza que tenía. El aturdimiento era bastante intenso y no conseguía recordar con claridad los hechos posteriores a la mordedura del vampiro – El vampiro me mordió… debería estar muerto.

— ¡Conseguimos contrarrestar los efectos de la ponzoña del vampiro! – Exclamó Ashley – Lyv tiene pociones que pueden recuperar a un moribundo del borde de la muerte, agradéceselo a ella. Por cierto, estás en la enfermería de la base. El vampiro está encarcelado en las mazmorras de Skyworld, a la espera de la decisión final de Lyv. Debería haberlo matado pero, tratándose del hijo de Lex…

— ¿Qué coño ha pasado? – Preguntó Jack tratando de levantarse de la camilla — ¿Cuánto llevo inconsciente?

— Tres días – Dijo Beck, volviéndole a tumbar – Tienes que descansar.

— No, tengo que hablar con Lyv – Dijo Jack, forcejeando con Beck — ¡Necesito hablar con ella!

— Ahora no es posible – Respondió Ashley, tratando de tranquilizarlo – Está ocupada con Glover.

— ¿Glover? – Preguntó Jack, extrañado — ¿Quién coño es Glover?

— Es el enlace del Ministerio de Defensa con Skyworld – Respondió Ashley – Intervinimos el satélite de forma no autorizada con la clave de Lyv para poder encontraros. Y Glover está muy cabreado y puede que tenga la cabeza de Lyv.

— ¿Qué significa eso? – Preguntó Jack.

— Terrence Glover lleva más de diez años tratando de demostrar infructuosamente que los métodos de Skyworld son ilegales y que atentan contra los derechos humanos, eso es en apariencia, ya que lo que realmente quiere es militarizar esta entidad para poder tener el control absoluto y utilizar ciertos poderes del más allá como armas para sus enemigos; está continuamente detrás de nosotros y nos mira con lupa – Respondió Ashley – Siempre que hacemos algo no autorizado nos echa a los leones; casi siempre solemos salir airosos, gracias al amparo que la Casa Blanca nos da. Sin embargo, lo del satélite no estaba en las directrices claras de la colaboración con las entidades gubernamentales, y Lyv lo sabía.

— ¿Quieres decir que Skyworld podría desaparecer? – Preguntó Jack – Sabes que los argumentos de que va contra los derechos humanos es una gilipollez como un templo. Trabajamos con seres sobrenaturales que hasta la fecha no he conseguido del todo entender, pero sí lo suficiente para saber que lo que hacemos es la protección de las personas inocentes en otro campo de la realidad.

— Más o menos, Glover ha llegado echando pestes por la boca e insultando a Lyv – Respondió Beck – Ahora están en su despacho y por lo que hemos escuchado, Glover quiere cerrar el chiringuito.

— ¡Y un huevo! – Exclamó Jack, desprendiéndose de los cables – Lyv me salvó la vida, no voy a dejar que le hagan nada por salvarme la vida. Siempre prevalece la protección de vidas humanas.

— Jack, no es buena idea que interrumpas la reunión – Respondió Beck – No quieres ver a Lyv cabreada.

— Quien no quiere verme cabreado a mí es Lyv – Replicó Jack, acto seguido se miró y lo que llevaba era un pijama de hospital — ¿Se puede saber qué coño habéis hecho con mi ropa?

— Espera, fiera, toma – Dijo Beck mientras le entregaba su traje recién lavado y planchado – No se me da bien la plancha, no sé si tendrá alguna arruguita por alguna parte.

— Eso es lo de menos – Respondió Jack, quien comenzó a desprenderse de los lazos del pijama y miró a las jóvenes – ¿Os importa?

Ambas asintieron y salieron de la habitación para dejar que Jack se vistiese con total intimidad. Cuando estuvo correctamente vestido, salió de la habitación en dirección al despacho de Lyv, en cuya puerta se encontraban Bones y Charlie, observando la fuerte discusión que se estaba produciendo entre ambos. Glover era un tipo corpulento y gordo, casi llegando a la obesidad mórbida. Vestía un uniforme de los marines cuidadosamente tratado y planchado, la exigencia de su personalidad podía sentirse en el ambiente, incluso fuera del despacho. Bones se acercó rápidamente a Jack, interceptándole antes de que pudiera acercarse a la puerta.

— Si entras Lyv te echará una bronca monumental – Dijo Bones.
— ¿Crees que me importa? – Preguntó Jack, sin dejar de observar el despacho acristalado de Lyv, donde ella y Glover continuaban teniendo una acalorada discusión. Consiguió zafarse de Bones y entró en el despacho de Lyv sin siquiera llamar a la puerta. La conversación entre Lyv y Glover quedó en un punto muerto cuando Jack entró – Tenemos que hablar.

— Cuando haya acabado con esto – Respondió Lyv – Por cierto, Jack Frostmourne, te presento a Terrence Glover, es el enlace que tenemos en Defensa y el encargado de tocar los huevos continua y sistemáticamente.

— Mide tus palabras, Olyvia – Replicó Glover, con tal tensión que sus venas se marcaban en su cuello – Vuelve a salirte de la raya y te aseguro que te incineraré para que no puedas volver a resucitar.

— Glover, permíteme recordarte que en esta base nada es extraoficial – Respondió Lyv, totalmente tranquila y con expresión intimidante en sus ojos – No actuamos como las entidades gubernamentales en la que no queda constancia de vuestras cagadas. Todo lo que has dicho, tus amenazas, tus insultos, todo, está grabado.

— Miserable advenediza – Respondió Glover, cuyo cabreo aumentaba cada vez más – No sé cómo has alcanzado la posición que has alcanzado en nuestro país, pero te aseguro que sacaré toda la mierda que encuentre sobre ti.

— Cuide sus palabras, señor – Respondió Jack – O me veré obligado a intervenir.

— ¿Perdona? – Preguntó Glover, indignado ante la actitud hostil de Jack – Tú eres el menos indicado para hablar, eres un agente del FBI que ha llegado adonde ha llegado…

— Por méritos profesionales – Dijo Lyv – La hoja de servicio de Jack Frostmourne no está contaminada, cosa que usted no puede decir de la suya.

— ¿Disculpa? – Preguntó Glover.

— ¿Cómo conseguiste tu puesto en defensa? – Preguntó Lyv – ¿Seguro que no tiene nada que ver con cierta relación con un alto cargo del Pentágono? No me toques los cojones, Glover, piérdete y déjame hacer mi trabajo. Que esta caza de brujas como tú la denominas, es el mundo desconocido al que tú y todos los picapleitos con uniforme tenéis absoluto pavor. Teméis lo que no entendéis, así que déjanos a los demás trabajar y sigue rascándote las pelotas en tu despacho. Y párate a pensar a ver cuál de los dos puestos peligra, si el tuyo o el mío. Este equipo cuenta con la protección que cuenta porque nos dejamos los huevos por nuestro país, ¿lo entiendes? No tengo nada más que decir.

— Te arrepentirás de esto – Respondió Glover, quien acto seguido salió del despacho de Lyv soltando improperios y blasfemias en contra de la joven hasta que se perdió en el ascensor que conducía al exterior de la base.

Por su parte, Jack observó a Lyv, parecía más restablecida y sobre todo con una expresión de seriedad y frialdad en sus ojos. Glover no le gustaba, ni a él ni a ella, y eso había quedado claro en los últimos cinco minutos, y era algo que Jack sí era capaz de entender a la primera. Lyv se sentó en su silla, con los brazos apoyados sobre su mesa y sus manos en su cabeza. Resoplaba y suspiraba, cabreada con el mundo y consigo misma, porque a pesar de todo no dejaban de tener a gente como aquel para tocar los cojones cada día de su larga eternidad.

— Siéntate, Jack – Respondió Lyv, y acto seguido se levantó y se acercó a la puerta – Pasad todos, hay algo que debéis saber.

Beck, Charlie, Bones y Ashley entraron en el despacho con paso ligero y contemplaron el semblante serio de Lyv, quien parecía tener ciertos reparos en hablar con claridad de todo lo que estaba pasando en lo referente al equipo. Lyv podía parecer una persona visceral y que hablaba antes de pensar, era una persona muy metódica y que sabía muy bien lo que decía en cada momento. Pero en aquel instante era un momento difícil para ella por los acontecimientos anteriores a aquella secuencia.

— Creo que tenemos muchos puntos que tratar – Comenzó, casi con un nudo en la garganta – Sé que para todos la traición de Lex ha sido un mazazo muy grande, pero tenemos que asumirlo. Lleva tres días en la sala negra y ni siquiera sé cómo empezar el interrogatorio.

— ¿Interrogatorio? – Preguntó Bones – Si no hay nada que hablar, nos traicionó por proteger a su hijo. No deja de ser algo lógico porque es padre, pero sinceramente no es algo que podamos dejar en un punto y aparte. Lex no está arrepentido, ¿qué más necesitas saber?

— Lex me llamó en el cementerio “pequeña luz errante” – Comentó Lyv, con gesto oscurecido por el significado que sólo ella podía dar a esas palabras – Tú sabes que sólo una persona me llamaba así y por un motivo concreto, y desde luego no era Lex. Y además, nadie salvo tú y yo lo sabíamos.

No pudo apreciarse a simple vista el cambio de expresión en la cara de Bones, a fin de cuentas era una calavera y sólo era hueso.

— Pudo ser una casualidad, Lyv – Dijo Bones, intentando parecer despreocupado ante esa situación – Hace muchos años de eso.

— No intentes quitarle importancia a eso, sabes el daño que me hace porque sólo él me llamaba así – Respondió Lyv, fría y aparentemente impasible – Y esas palabras me han hecho más daño que cualquier herida que haya podido sufrir a lo largo de mi vida.

— ¿Alguien quiere explicarme qué demonios ocurre aquí? – Preguntó Jack, sin comprender del todo la situación – Me dijiste que Leo estaba muerto.

— Y lo está – Dijo Bones – Lyv lo mató en 1914, hace exactamente cien años. Pero la cuestión es que nadie sabía el significado de ese apelativo hacia Lyv salvo ella y yo. Lex tuvo que saberlo de otra forma, o fue una casualidad como ya he dicho.

— No ha sido una casualidad, no estoy segura pero creo que no era Lex el que hablaba – Respondió Lyv, mirando hacia la cristalera y acariciando un amuleto colgado en su cuello. Era lo que hoy en día denominamos un “llamador de ángeles”, pero no era de plata, sino de azabache. Lyv lo acariciaba entre sus dedos pulgar e índice, y por un instante Jack imaginó ver un pequeño resplandor de luz oscura que pululaba alrededor de dicho amuleto. ¿Significaría algo? Escapaba a su entendimiento, y por ello decidió dejarlo correr – Era Leo el que hablaba.

— ¿Qué insinúas? – Dijo Beck – Tú le mataste, le destruiste.

— Sí, pero de alguna forma está intentando volver – Respondió Lyv, totalmente segura de sus palabras – Leo era un nigromante bastante poderoso, quizás el más poderoso que he podido conocer hasta la fecha.

— Si no creó su filacteria no es posible que pueda volver, Lyv, ya lo sabes – Respondió Bones – Es una norma básica de la nigromancia. Estás insinuando que Leo se convirtió en un Lich antes de morir, ¿te das cuenta de lo que estás diciendo?

— Estamos hablando de que Leo era un nigromante que se volvió demasiado malvado como para permitirle seguir viviendo, y que el hecho de matarlo me rompió el alma en mil pedazos, y que a fecha de hoy todavía no he conseguido recomponer – Respondió Lyv, con los ojos inundados en lágrimas – Entiende esto, Bones, creo perfectamente capaz a Leo de crear su filacteria antes de morir. Lo que no sé es dónde diablos pudo encerrar un fragmento de su maldita y corrupta alma. Ese es un tema que investigaré y finiquitaré yo sola, ¿entendido? Solo os he informado para que lo sepáis.

— No pienso dejarte sola en esto – Respondió Bones.

— ¿Y qué harás? – Preguntó Lyv, poniendo sus brazos en cruz – No puedes salir de este recinto o el alcance de lo que te mantiene “vivo” desaparecerá y volverás a ser el saco de huesos que encontré en la iglesia del Temple.

— ¿Te estás escuchando, Lyv? – Preguntó Beck – Solo queremos ayudarte, somos un equipo, ¡tú nos lo enseñaste!

— Como son mis normas, me las saltaré cuando yo lo decida – Respondió Lyv – Sin mí estaríais en una loquería.

— ¡Para el carro! – Exclamó Jack, cortando en seco la conversación. Miró a Lyv un segundo y acto seguido se dirigió al resto – Dejadnos solos…

— Pero… — Intervino Charlie.

— ¡Ahora! – Exclamó Jack, su gesto era de un ser cabreado y totalmente fuera de sus cabales. Aquella situación le estaba desbordando, y de una vez por todas conocería toda la maldita verdad de todo ese mundo, e incluso de la propia Lyv. El equipo, ante la rectitud y la severidad en las palabras de Jack, no tuvo más remedio que abandonar el despacho de Lyv dejándolos solos a ambos. Jack estaba empezando a dejar de ser un escéptico, pero no estaba dispuesto a entrar en ese mundo a base de mentiras de una mujer con el corazón roto. Lyv estaba sentada en su mesa, con la mirada endurecida, pero sus ojos todavía continuaban inundados en lágrimas — ¿Vas a explicarme qué coño está pasando? Tenemos varios temas pendientes, aunque el primero que trataré será la cuestión que te está poniendo de ese mal humor. ¿Qué demonios pasa?

— No te metas en esto, Jack – Respondió Lyv, tratando de echar balones fuera.

— ¿Que no me meta? – Replicó Jack, incrédulo — ¡Tú me metiste en esto! ¡Tú me elegiste! ¡Y aquí y ahora quiero saber por qué! ¿Qué demonios pasa? Te conozco desde hace unos días y mi corazón me dice que no eres así.

— No quiero hablar de esto.

— ¿De qué? ¿De por qué me elegiste? ¿De Leo? ¿De qué, Lyv? – Preguntó Jack.

— De todo – Respondió Lyv – Mi cabeza es una centrifugadora en este momento, todo este maldito caso está impidiendo que vuelva a pensar con claridad. Lex, mi mejor amigo, mi discípulo, me ha traicionado. Pudo pedirme ayuda, jamás se la habría negado, y sin embargo no lo hizo. Y creo que Leo, de alguna forma, ha tenido que ver en esto. Leo Cavalcanti, el hombre a quien juré amar para toda la eternidad, me atormenta desde el primer momento en que su camino se torció, y para mí no es fácil.

— No tienes por qué hacer esto sola – Respondió Jack – Me salvaste la vida, Lyv. Podrías haberme dejado morir, pero no lo hiciste.

— No puedo dejarte morir, ni a ti ni a nadie – Dijo Lyv – Tengo demasiadas muertes sobre mi conciencia como para tener más.

— Entonces déjanos ayudarte – Respondió Jack – Porque si te enfrentas a esto sola, morirás sin remedio. He podido deducir que un nigromante es lo único que puede matarte, o al menos dejarte permanentemente dañada para toda la eternidad. No voy a permitir que eso suceda, ¡jamás!

— ¿Y si os pasa algo? Esta es mi cruzada – Respondió Lyv, angustiada – No la vuestra.

— Somos un equipo – Respondió Jack, cogiendo las manos de Lyv – Y si nos pasa algo, es nuestra decisión. Cuando entré en el FBI asumí un riesgo, y digamos que aquí ocurre lo mismo. No tengo ni idea de este mundo, pero estoy dispuesto a aprender. Te debo mi vida, y es una deuda que tengo que saldar.

— No me debes nada – Respondió Lyv, con una ligera sonrisa – Volvería a hacerlo. Pero me da miedo de que os pueda ocurrir algo.

— Es nuestra decisión.

— ¿Nuestra?

— Sí, nuestra, porque no pienso irme de aquí – Respondió Jack, recordando aquel momento en que sus padres fueron asesinados – Si todavía quieres que me quede.

— No te habría elegido si no quisiera que te quedaras – Dijo Lyv – Pero creo que no fui del todo sincera contigo. Sabía que eras un escéptico, así que si te lo pedían voluntariamente no habrías venido. Por eso hice parecer que fuese una orden. Si he de disculparme, lo siento.

— No sé si alegrarme o entristecerme – Respondió Jack – Es interesante adentrarte en mundos nuevos, aunque este resulte aterrador e inquietante.

— No debes tener miedo, no todos los entes sobrenaturales son hostiles – Dijo Lyv – De hecho a veces nos ayudamos de algunos entes, tales como hadas, por ejemplo. Aunque suelen ser bastante exigentes, ya que te piden algo a cambio de su ayuda.

— ¿Por ejemplo? – Preguntó Jack — ¿Qué es lo más extraño que te han pedido?

— ¿Sinceramente?

— Sí.

— Una palmera de chocolate – Respondió Lyv, aguantándose la risa.

— ¿Estás de coña? – Preguntó Jack.

— Sí, algunas cosas que tenemos nosotros y que nos parecen cotidianas, para ellas son una delicatesen o algo que atesoran mucho – Respondió Lyv.

— Pero bueno, vamos al grano en lo que a mí respecta – Cortó Jack — ¿Estás dispuesta a compartir conmigo toda la verdad?

— Aunque te parezca extraño, no hay secretos en Skyworld – Respondió Lyv.

— Vale, primera pregunta, ¿por qué me elegiste?

— Te elegí por tu tenacidad – Respondió Lyv – Y por tus habilidades.

— ¿Habilidades? – Preguntó Jack – No entiendo nada, ¿qué habilidades puedo tener? Sólo soy un simple humano.

— En apariencia, pero todo ser sobrenatural emite un aura diferente a la de los humanos – Respondió Lyv, levantándose de la silla – Te conozco desde hace muchísimo tiempo. El caso de tus padres fue uno de los más duros de los que haya visto hasta ahora.

— No lo había recordado hasta que el vampiro me mordió en el cementerio – Respondió Jack – Mucha gente que ha estado al borde de la muerte cuenta que en esos momentos ve pasar su vida en una milésima de segundo. Yo sólo vi la noche en que mis padres murieron, una situación que creí haber olvidado y dejado atrás, pero que de alguna manera vuelve a atormentarme. Y si fue un caso tuyo, creo que tú puedes darme las respuestas que busco.

— Te las daré, con mucho gusto – Respondió Lyv – Solo quiero que entiendas que a veces la verdad es algo que no estamos preparados para asumir. El asesinato de tus padres no fue un crimen casual de un ente sobrenatural al que se le fuese la pinza.

— ¿Qué quieres decir? – Preguntó Jack. Hacía tiempo que no fumaba, de hecho siempre llevaba encima una cajetilla de tabaco cerrada en el bolsillo de la chaqueta, pero ahora ya no estaba. No sabía qué habían hecho con sus cosas, y aquella situación y necesidad de un cigarrillo le estaba volviendo loco – No tendrás un cigarrillo ¿verdad?
Lyv abrió el cajón de su mesa y acto seguido sacó una bolsa de plástico transparente que contenía todas las pertenencias de Jack, tales como su móvil, las llaves de su casa, de su coche, y su añorado paquete de Lucky Strike.

— Gracias – Jack tomó un cigarrillo del paquete y se lo encendió. A Lyv no pareció importarle – Continúa, por favor.

— Hace veinticinco años estaba persiguiendo un caso parecido a este que nos ocupa – Respondió Lyv – No eran asesinatos tan brutales, sino que las víctimas aparecían sin ningún tipo de signo de lucha, agresión, herida, o cualquier distintivo que me hiciera identificar rápidamente a qué nos enfrentábamos. Lex estaba en la base investigando los libros y no contaba con la ayuda de nadie más. Tardé meses en darme cuenta de que me enfrentaba a un demonio que se alimentaba del aura oscura de los nigromantes.

— ¿Existe eso? – Preguntó Jack.

— Mi padre, Merlín, solía llamarlos “demonios de la oscuridad”. Aparecían en sus notas, es una pena que Mordred las destruyera – Dijo Lyv con cierta nostalgia en su voz – Así habría sabido cómo matarlo rápidamente.

— Al grano, Lyv – Respondió Jack.

— Nos dimos cuenta de que nos enfrentábamos a algo poderoso, ya que no es fácil matar a un nigromante – Respondió Lyv – En medio de la investigación me avisó el predecesor de Glover, Martin Jackman, y me informó de que una familia de Atlanta había denunciado unas misteriosas apariciones en torno a su casa y a su hijo. Estábamos a veinte kilómetros, así que decidí acercarme para ver de qué se trataba y ver si podía hacer algo. Fue la primera vez que te vi, Jack. Tú y tu aura oscura de nigromante durmiendo tranquila y dulcemente en una cama totalmente ajeno a lo que estaba pasando.

— ¿Yo? – Preguntó Jack, abriendo los ojos como platos y comenzando a toser por la bocanada de humo que había absorbido en aquel momento — ¿Un nigromante? Es imposible, Lyv.

— Para seres como yo, con diversos dones, es algo que no se puede esconder – Respondió Lyv – Y con el paso del tiempo ni siquiera para ti mismo. Te vi dormir plácidamente, y sentía la presencia de aquel ente demoníaco que rondaba tu casa. De hecho, el aura que pude ver en ti era la más intensa que había visto jamás para un niño de tu edad, y ahora que te tengo delante, te digo lo mismo. Tienes el aura más poderosa que he visto jamás.

— ¿Quería matarme a mí? – Preguntó Jack — ¿Mis padres murieron por mi culpa?

— No, no te confundas – Respondió Lyv apresuradamente – La culpa no fue tuya, sino mía.

— Explícate.

— Cuando me di cuenta de lo que estaba pasando, me juré a mí misma que no dejaría que te tocase – Respondió Lyv – Ya había perdido a tres víctimas por no encontrar una conexión, y ahora que la tenía, no dejaría que te pasase nada a ti. Eras solo un niño, Jack…

— ¿Y qué pasó? – Preguntó Jack, interesado y a la vez receloso, no sabía si lo de saber toda la verdad era una buena idea.

— Una noche el demonio trató de absorberte la vida y la energía – Respondió Lyv – Conseguí alejarlo temporalmente, pero tus padres estaban demasiado asustados como para permanecer un minuto más en aquella casa. Les pedí que no se fueran, que el problema no era la casa, sino lo que rondaba a su hijo. Pero dos noches después lo pensé mejor, y pensé en una forma de encerrar al demonio hasta que encontrase el modo de destruirlo completamente. Les pedí que te llevasen a Washington Park, era un sitio lo suficientemente alejado como para que nadie resultase herido. Había quedado justo con ellos a medianoche. Sin embargo, no aparecieron.

— ¿Qué pasó? – Preguntó Jack, apurando todo lo que pudo el cigarrillo.

— Tuve una corazonada de que algo ocurría y traté de encontrarlos – Respondió Lyv, acercándose a la ventana con paso lento, quizá para que Jack no viese que se sentía culpable de aquella noche – Cuando llegué a aquel callejón ya era tarde… tú estabas en el suelo, tu padre estaba muerto, y tu madre todavía estaba en manos de aquella abominación. No pude hacer nada… sólo ver cómo absorbía su último aliento de vida. Lo siguiente que pasó fue muy rápido, el demonio te miró y, por algún motivo que todavía no he sido capaz de comprender… te dejó vivir. Simplemente desapareció.

— Me lo pintas como si nadie quisiera tocarme en el más allá – Respondió Jack, no recordaba nada de sus padres, tan solo esa noche seguía viva en su memoria, en lo más profundo de su mente. Sentirse culpable a esas alturas carecía de sentido, tanto para él, como para ella – No fue culpa tuya, mis padres decidieron, y llegaste a tiempo para salvarme a mí ¿no? Mis padres consiguieron protegerme, y eso fue gracias a ti. No tienes por qué sentirte culpable.

— Ojalá fuera tan fácil llevar esa frase a cabo, llevo sintiéndome culpable veinticinco años – Respondió Lyv, bajando la mirada – Supongo que por eso te mantuve localizado, no podía interferir en tu vida para mantenerte a salvo. Tan solo me aseguré de que te adoptara una buena familia, y así estuvieras protegido. Ahora eres tú el que debe decidir, después de lo que sabes, conociendo a la responsable de la muerte de tus padres… ¿quieres seguir formando parte de Skyworld?

— Primero, no eres la responsable de la muerte de mis padres, sino de salvarme la vida a mí – Respondió Jack – Y segundo, esta misión ha sido divertida. Quiero saber cómo será el segundo acto.

— Está bien – Dijo Lyv mientras se acercaba a la puerta de su despacho y salía por ella en dirección al ascensor – Bueno, pues debo bajar a las celdas para interrogar a Lex, he de saber todos los detalles pertinentes, ya que con su hijo no podemos hacer mucho.

— ¿A qué te refieres? Le cogimos, ¿no? – Preguntó Jack, siguiendo a Lyv — ¿Qué hay que saber?

— Tengo que saber si existe alguna posibilidad de que haya contactado con Leo – Dijo Lyv, pulsando un botón inferior a la planta en la que estaban – Y segundo, cuando el hijo de Lex se alimentó de ti, comenzó a agonizar, como si se quemase por dentro. Bones ha conseguido averiguar que tu sangre es “ligeramente” corrosiva para los vampiros y los demonios chupasangres. Así que eso, juega a tu favor.

— De todas las formas en las que puede morir un vampiro y me toca el primero que muere por “empacho” – Respondió Jack, divertido. Sonrió ante la risa reprimida de Lyv — ¿Necesitas ayuda para interrogar a Lex?

— Puedo hacerlo, me costará, pero puedo hacerlo – Respondió Lyv, y ambos bajaron varias plantas en el elevador con la intención de obtener todas las piezas que faltaban para completar la confección de aquel puzzle. Lyv sabía que aquel interrogado no era un desconocido, sabía sus inquietudes y sus puntos débiles.

Lyv era un libro abierto para Lex, y él lo sabía.

 

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Skyworld_Capítulo VII_El Sabor de la Sangre

VII

 

Las puertas de madera podrida seguían abriéndose lentamente dejando escapar un olor a putrefacción y a muerte. Lyv tenía poco tiempo para reaccionar, pero sabía que Lex no iba a disparar por mucho que amenazase con la pistola. Sin embargo temía por la seguridad del equipo, el vampiro estaba despertando y a punto de salir por aquella putrefacta puerta. Lex observó a Lyv mientras se alejaba de ellos caminando hacia atrás.

— ¿Qué va a ser, Lyv? – Preguntó Lex, sin terminar de bajar el arma — ¿Perderás a todo el equipo para cogerme a mí? ¿Me dejarás ir para detenerlo a él? ¿Qué harás pequeña luz errante?

La expresión del rostro de Lyv cambió por completo, aquellas palabras eran inesperadas para ella y tenían un significado que nadie salvo ella era capaz de entender. La situación había cambiado, y Lyv no dejó de mirar a Lex. Algo en él era distinto tras pronunciar aquellas palabras.

Mientras tanto, Jack había podido echar mano de un pequeño alfiler que encontró tanteando en el suelo de tierra del cementerio… ¡bendita sea la persona a la que se le cayó! Comenzó a perforar la cinta adhesiva poco a poco, con bastante trabajo dado el grado de inmovilización de las manos, pero con paciencia y maña, consiguió soltarse discretamente sin que Lex pudiese darse cuenta. Observó el rostro de Lyv, algo le había descolocado los esquemas de aquella macabra situación, y desde luego no iba a pararse a pensar en ello. Entre Lex y Lyv, en su campo de visión, se encontraba la puerta del mausoleo que acababa de terminar de abrirse, dejando mostrar a una figura completamente terrorífica. Ante él tenía al asesino que había estado buscando desde que empezó aquel caso, El Cazador; tenía la apariencia de un hombre joven, con la tez pálida como un muerto, sus ojos eran de un color amarillo brillante, como dos topacios ensartados en una joya. El Cazador miró a Jack fijamente a los ojos y sonrió con ansia, tenía dos colmillos brillantes que despertaban una sensación de inquietud y pondría nervioso a cualquiera. Observó a los presentes, estudiándoles detenidamente para averiguar quién parecía más apetitoso, sobre todo a Jack.

— Mátalos… — Dijo Lex, observando al vampiro y a Lyv a intervalos regulares. Cuando vio que la joven avanzaba un paso, Lex amartilló el arma – No puedes hacer nada, Lyv.

— Sí que puedo – Respondió Lyv, cuyos ojos pasaron a ser de un hermoso color gris — ¡Ventus confusa!

En aquel momento comenzó a soplar una violenta ráfaga de viento que levantó todas las hojas secas del suelo en dirección hacia Lex, provocándole distracción y confusión. Lyv miró a Jack y luego al vampiro aprovechando la confusión de Lex. Jack estaba asustado, pero no lo suficiente como para estar bloqueado.

— ¡Coged a Lex! – Exclamó Lyv mientras observaba al vampiro intentando encontrar alguna forma que pudiera utilizar para destruirlo. No tenía las estacas a mano, ni tenía nada con lo que hacer fuego. Era capaz de manipular cualquier elemento que estuviera presente, pero no podía crearlos a voluntad. Necesitaba un mechero, una cerilla, algo con lo que pudiese hacer fuego y quemar al vampiro.

Jack soltó a Beck rápidamente y ambos pudieron prender a Lex en medio de la confusión ocasionada por el ventarrón que Lyv había provocado. Beck soltó a Charlie mientras Jack se acercaba a Lyv y apuntaba al vampiro con su pistola. El vampiro les miraba a los dos mientras se decidía a quien mataría primero.

— Charlie, Beck, llevad a Lex al coche – Dijo Jack, sin perder al vampiro de vista en ningún momento – Lyv y yo nos encargaremos de esto.

— Pero… — Dijo Charlie, preocupado.

— ¡Hacedlo ya! – Exclamó Lyv mientras cogía del suelo su arma aprovechando la cobertura de Jack – ¡Y traed la ballesta!

Ambos asintieron y llevaron a Lex, casi arrastrando, hacia el Land Rover que estaba en la entrada del cementerio. Jack trazó un semicírculo cubriendo la retaguardia del vampiro para que no pudiera huir en ninguna dirección. En el espacio entre ambos estaba aquel vampiro, mirándoles con expresión demoníaca en su rostro; estaba hambriento, y era cuestión de tiempo que se lanzara contra alguno de ellos.

— Tranquilo Jack… — Dijo Lyv sin dejar de apuntar al vampiro – No te muevas con brusquedad o se lanzará contra ti…

— Oye, me mentiste – Respondió Jack, sin dejar de mirar al enemigo en ningún momento – Me elegiste…

— ¿Seguro que quieres hablar de eso ahora? – Preguntó Lyv, tensándose al no encontrar un mechero en el bolsillo – No creo que sea el mejor momento…

— No, no, no, no vas a escabullirte de mí ahora – Respondió Jack mientras apuntaba y disparaba a los pies del vampiro, para hacerlo retroceder y arrinconarlo de alguna forma – Explícame qué demonios está pasando.

— Céntrate en buscar algo de fuego maldita sea… — Respondió Lyv, tratando de encontrar la forma adecuada de vencer en aquella ocasión.

— ¡No tengo nada! – Exclamó Jack, mirando al vampiro quien en un momento de diversión optó por reír a carcajadas — ¿Y tú de qué te ríes, mamón?

— Me río de que dos personas tan insignificantes como vosotros estén pensando en la posibilidad de matarme – Respondió el vampiro, relamiéndose los labios ante la belleza de Lyv – Y encima os estéis peleando, me parece ya absurdo.

— Cierra el pico – Respondió Lyv mientras pensaba y pensaba por qué tardaban tanto.

Mientras tanto, Beck y Charlie habían llevado a Lex amordazado y atado de pies y manos al Land Rover situado en la entrada del cementerio; el silencio rondaba en todas partes, a excepción de los graznidos y gruñidos de Lex bajo la mordaza y los forcejeos de sus manos atadas con cinta americana.

— Beck, te has pasado un huevo – Dijo Charlie mientras colocaba a Lex en la parte trasera del Land Rover y buscando el material que Lyv había pedido – ¿Dónde está la maldita ballesta?

— ¡Oh! – Exclamó Beck – Creo que se perdió en alguna parte del cementerio. ¿Algo más que podamos usar?

— Eres una licántropa ¿no? – Dijo Charlie, con las cejas arqueadas – Busca un palito afilado para atravesarle el corazón a ese monstruo.

— ¿Por qué no usamos el agua? – Preguntó Beck mientras buscaba un palo que podrían usar como estaca – Es más efectivo.

— ¿Quizá porque no tenemos un cura a mano? – Dijo Charlie, sorprendido – El agua para que sea efectiva tiene que estar ben-di-ta, ¿comprendes?

— ¿Por qué me tratas como si fuese estúpida? – Preguntó Beck.

— No sé, ¿tal vez porque lo eres? – Respondió Charlie — ¡Busca esa maldita estaca!

— Ya voy, ya voy – Dijo Beck mientras buscaba algo que pudiera servir.

Lyv estaba bastante nerviosa, pues no controlaría la situación por mucho más tiempo. Necesitaba encontrar una solución y el tiempo corría en su contra. Aquel maldito caso les había costado nueve vidas, y todo por un simple vampiro, pero todo cambiaba cuando metía a Lex en aquella ecuación. Lex, su amigo, su aprendiz y su mano derecha en Skyworld le había traicionado, por proteger a su hijo sí, pero le había traicionado. No confió en ella ni le contó nada de lo que estaba ocurriendo, aunque a pesar de la situación y las circunstancias no tenía del todo claro lo que estaba pasando. Hacía años que no había visto al hijo de Lex, por lo que no estaba segura de si el rostro de aquel monstruo era quien parecía ser. Jack, por su parte, no encontraba opción alguna a su situación, tan solo la grandísima estupidez de dispararle al vampiro en la cabeza; estupidez porque se levantaría inevitablemente. Observaba a Lyv y por primera vez en las horas que llevaba en Skyworld pudo ver en el rostro de aquella misteriosa mujer un ligero halo de miedo en la expresión de sus ojos.

— Se nos agota el tiempo, Lyv – Dijo Jack, cada vez más nervioso al ver la siniestra sonrisa del vampiro que tenían ante ellos — ¡Piensa!

— Estoy pensando – Dijo Lyv, sin perder el contacto visual con el vampiro, quien se colocó en posición en una milésima de segundo para lanzarse contra Jack — ¡Jack cuidado!

Jack no tuvo tiempo de reaccionar, cuando se dio cuenta tenía al vampiro encima tratando de morder su cuello y succionar hasta la última gota de sangre que tuviese en su mortal cuerpo. Lyv se lanzó contra él y trató de quitárselo de encima como buenamente pudo, pero el vampiro era demasiado fuerte para las condiciones de Lyv. Estaba debilitada por la energía necrótica utilizada anteriormente y no estaba recuperada del todo. El vampiro la lanzó contra un árbol cercano de forma violenta dejándola aturdida momentáneamente. Jack por su parte, disparó varias veces su arma contra el vampiro sin provocar ningún tipo de daño contra él; la noche anterior se había alimentado y durante el día había reposado en aquella tumba, por lo que estaba en su mejor momento para atacar y actuaba con ventaja.

Jack no pudo resistirse y lo siguiente que pudo notar fue una mordedura dolorosa en la parte derecha de su cuello; durante varios minutos en los que Lyv no podía reaccionar por el dolor del violento golpe Jack pudo sentir cómo su vida escapaba de su cuerpo progresivamente a medida que el vampiro se alimentaba de él.

Sin embargo, para nuestro cazador, era una sensación diferente.

No era sangre dulce como la de los humanos.

No era sangre deliciosa, sino que en su interior comenzó a notar cómo la delicia que creyó haber consumido comenzó a corroerle por dentro. La criatura comenzó a emitir un grito ahogado y angustiante de dolor como si lo que pudiéramos concebir como su vida comenzase a desvanecerse inexplicablemente por la sangre que había bebido. Lyv se levantó y tambaleó mientras casi se arrastraba hacia donde estaba Jack, en medio de los alaridos y gritos del vampiro, para intentar protegerlo de una muerte horrible. Jack sangraba incesantemente por el cuello y se encontraba al borde de la muerte, su vida pendía de un finísimo hilo que podía romperse en cualquier momento.

El vampiro gritaba de dolor y daba pasos hacia atrás perdiendo el control de sí mismo, perdiendo por completo la cordura y corriendo a la deriva por el bosque sin rumbo ni destino aparente. Lyv no pensaba en el vampiro en aquel momento, pensaba en Jack y en la forma de salvarlo antes de que diese el último aliento… ¡lo que menos necesitaba era la muerte de un federal en la cabeza! Lyv recobró parte de sus fuerzas y consiguió llegar hasta él mientras el vampiro se alejaba herido y dolorido en sentido contrario a ellos.

— ¡Jack! – Exclamó Lyv, palmeando enérgicamente sus mejillas, casi abofeteándolas — ¡No te duermas maldita sea! ¡Abre los ojos por favor!

— ¡Lyv! – Gritó Beck mientras llegaba acompañada de Charlie como almas que lleva el diablo — ¿Qué ha pasado?

— ¡Coged al vampiro! ¡Rápido! – Dijo Lyv, nerviosa y asustada al ver a Jack que apenas podía gesticular por la pérdida masiva de sangre – Jack por favor despierta…

— Ly….. Lyv… — Vocalizó Jack como pudo, apenas podía respirar y tenía un dolor punzante y agudo en el cuello.

— Cállate y tranquilízate – Dijo Lyv, sus manos temblaban ante semejante situación y no era siquiera capaz de pensar – No se te ocurra morirte ¿me oyes? ¡No te mueras!

Jack trató de vocalizar y de sujetar la mano de Lyv como si fuese el clavo ardiendo en el precipicio que llevaba directamente al infierno, y en lo más recóndito de su mente no vio pasar su vida en un momento como afirman la mayoría de los moribundos, sino que revivió un momento de su vida que creía olvidado como un mal sueño en su vida. Recordó el momento en que sus padres fueron asesinados en un callejón en Atlanta, en cuestión de segundos, el momento de su vida en que todo cambió. Recordó los cuerpos inertes de sus padres, sin ningún atisbo de vida en sus ojos, y sobre todo recordó aquella imponente y aterradora figura que absorbió sus últimos alientos ante él, cuando solo era un infante que contaba con cuatro años de edad.

El terror que invadía su alma al ver y recordar aquella figura era inexplicable ni siquiera para él mismo, siempre pensó que no era humano, que era un ser demoníaco que pudo haberle matado y no lo hizo. ¿Por qué no lo hizo? ¿Por qué dejó que su vida fuese un infierno de soledad y carencia de cariño en un putrefacto orfanato? Aquellas preguntas atormentaron toda su niñez, pero todo cambió cuando una familia sin hijos le adoptó y se trasladó con él a Nueva York. Aquel recuerdo que creía olvidado y enterrado en lo más hondo de su corazón, acompañado de sus más profundos temores comenzaban a cobrar vida de nuevo. No pudo revivir nada más, la voz de Lyv se hacía difusa y casi inaudible, el dolor era insoportable y todo comenzaba a volverse negro. Jack comenzó a caer en la más profunda oscuridad que sólo podía significar que su vida llegaba a su fin, y que por fin caería en los brazos de la dama oscura: la muerte.

 

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Skyworld_Capítulo VI_Alexander Auditore

VI

 

Cuando Lyv abrió los ojos se encontraba tumbada en el terreno boscoso del cementerio de Green-Wood, no había sol intenso, sino el tenue sol del atardecer. No había tiempo. La cabeza le dolía horrores pero debía levantarse; se sintió frustrada, debió descansar y no confiar en su capacidad, Bones se lo recordaba continuamente. La exposición a la energía oscura era lo único que podía debilitarla lo suficiente como para dejarla al borde de la muerte. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos de cuantas criaturas se le habían puesto delante en catorce siglos, ninguna de ellas había podido matarla, y creedme, la muerte era el mayor regalo que podrían hacerle a la joven invocadora. No era el momento de desear la muerte, Lyv estaba sola en aquel lugar, y recordaba que el equipo conseguido llegar hasta ella, lo tenía muy claro. Pero se encontraba sola, y eso indicaba peligro; la presencia del atardecer ante ella indicaba que llevaba bastante tiempo inconsciente, y que el despertar del vampiro era inminente.

Por otra parte, Lex les había traicionado, a pesar de sus esfuerzos por encontrar alguna explicación racional y lógica que pudiera haber hecho posible tirar más de treinta años de trabajo en Skyworld por la borda. Lyv se encontraba mareada debido al dolor de cabeza, y se tambaleó un poco a la hora de levantarse, sin embargo se mantuvo en pie. Cuando comenzó a caminar sin rumbo fijo volvió a oír el pitido de su auricular, alguien la llamaba al móvil; sacó el terminal de su bolsillo y vio que era el teléfono de Ashley. Descolgó sin pensarlo.

— Ash… — Dijo Lyv con un hilo de voz, parecía más de ultratumba que de persona cuerda.

— ¡Lyv! – Exclamó Ashley — ¡Gracias a Dios! Jack avisó hace cuatro horas de la situación.

— ¿Tengo pinta de saber cuál es la situación? – Preguntó Lyv.

— ¿No estás con ellos? – Preguntó Ashley.

— Si me estás llamando es señal de que no – Dijo Lyv – Localízame alguno de sus móviles.

— No encuentro ninguno, solo la situación del tuyo – Respondió Ashley — ¿Cómo puedo encontrarlos?

— Utiliza el satélite, infrarrojos, lo que sea, dame algo para poder ir hacia ellos – Respondió Lyv, quien intentaba mantenerse en pie – Vamos Ash, puedes hacerlo.

— Pero… tendría que seguir el procedimiento habitual de solicitar autorización para acceder al satélite – Respondió Ashley.

— Utiliza mi clave, ya me las arreglaré con Glover cuando cerremos el caso, la vida del equipo corre peligro – Respondió Lyv – Este cementerio no es muy grande pero no está muy bien iluminado, necesito algo Ash, por favor.

— Tranquila, tranquila – Dijo Ashley, Lyv la escuchaba teclear como una loca en el ordenador central – A ver… maldita sea va un poco lento, Charlie tiene que actualizar todos los servidores.

— ¡Al grano Ash! – Exclamó Lyv — ¿Dónde están?

— Están a unos quinientos metros al norte – Respondió Ashley – Detecto cuatro señales de calor, una de ellas es intensa así que imagino que habrán hecho una hoguera. No puedo visualizar nada más.

— Para mí es suficiente – Dijo Lyv, y acto seguido cogió su arma y se dirigió a la zona donde Ashley le había indicado.

Mientras tanto, junto a un mausoleo victoriano situado en la parte norte del cementerio, Jack y el equipo se encontraban atados junto Lex, quien les vigilaba continuamente armado con su Smith & Wesson. Beck miraba a Lex con incredulidad, ¿cómo era posible que alguien a quien consideraba como su padre hubiera hecho eso? Jack no parecía sorprendido, de hecho, nada de lo que ocurriera podía sorprenderle ya; pero aunque pareciese raro estaba preocupado por Lyv, apenas la conocía pero sentía que debía protegerla, no sabía su estado. Tenía claro que seguía viva, y ella era su única salvación en ese momento. Lyv se acercó sigilosamente, cada vez más estable, ya que el dolor de cabeza remitía a cada minuto que pasaba, algo que la joven agradeció a la Luna infinitamente. Les estudió a todos, las posiciones, las vías de escape, y sobre todo se planteó si el vampiro podría estar ya despierto y suelto. Se preparó para lo peor esperando lo mejor, es decir, quiso creer que el vampiro no estaba suelto todavía. Se limitó a escuchar hasta que llegase el momento propicio para actuar.

— Lex, ¿por qué? – Preguntó Charlie – Tú has sido nuestro maestro.

— Nunca lo entenderíais – Respondió Lex, quien estaba profundamente nervioso – Pero ¿qué haríais vosotros en mi lugar? ¿Qué me responderíais?

— Tal vez si supiéramos la pregunta podríamos contestarte – Dijo Jack, intentando soltarse de sus ataduras.

— ¡Tú cállate! – Exclamó Lex – No sé por qué Lyv te eligió, pero estoy seguro de que no fue por tu inteligencia.

— ¿Qué? – Preguntó Jack — ¿De qué hablas?

— Lyv te eligió para que te incorporaras al equipo – Respondió Lex – Ha esperado mucho tiempo, hasta que has estado preparado, o al menos creía que estabas preparado. No sé por qué demonios se involucró tanto con tu caso hace veinticinco años.

— ¿De qué hablas, Lex? ¡No he visto a Lyv en la vida hasta hoy! – Exclamó Jack, confuso por las palabras que Lex dirigía contra él — ¿A qué demonios te refieres?

— Eso no viene al caso ahora – Dijo Beck, intentando ganar tiempo – Lex, por favor, podemos ayudarte. Lyv puede ayudarte.

— No pueden ayudarme, he hecho demasiado daño como para que Lyv pueda entenderlo – Respondió Lex, apuntando con la pistola a Beck – Lo siento Beck… lo siento por todos vosotros, pero no tengo elección.

— Siempre hay elección – Dijo Jack – Te lo digo yo que soy Agente Especial y he visto muchas cosas.

— En este mundo no – Respondió Lex, la mano armada le temblaba, nerviosa y atemorizada – Y ahora ya no tengo nada que perder.

— ¿No te da miedo perder tu vida? – Respondió Charlie – La vida es lo más preciado que tenemos.

— Te repito que Lyv no lo entenderá – Replicó Lex, a punto de llorar como un niño pequeño – No lo entenderá.

— ¿Qué tengo que entender, Lex? – Preguntó Lyv, su voz no podía oírse en un único punto del lugar, sino que parecía estar en todas partes, lo cual ponía a Lex más nervioso – Con tus actos lo único que puedo llegar a suponer es que nos has traicionado, no solo a mí y al equipo, sino a ti mismo.

— ¡Tú no lo entiendes! – Exclamó Lex, comenzando a llorar de impotencia.

— Entiendo que cuando vimos el primer cadáver, observé que la chica llevaba un péndulo de ónice con una cadena de plata – Respondió Lyv, de nuevo con sonido de omnipresencia – Un péndulo que yo conocía perfectamente, y que misteriosamente nunca llegó a la mesa de pruebas de la base. Ese péndulo se lo regalé yo a tu único hijo, Trevor. ¿Pensaste en algún momento decírmelo? La primera víctima y la última eran personas de un estatus medio… el resto eran vagabundas y prostitutas… al principio le guiaste hacia personas que no tenían nada en el mundo, a las que nadie echaría de menos… pero esta última víctima se te fue de las manos ¿verdad? Acabó en aquel club y encontró una sangre más dulce… ¿no es así?

— Traté de detenerlo… — Respondió Lex — ¡Te juro que lo intenté!

— ¿Cuándo te diste cuenta de que no podías contenerle tú solo? – Preguntó Lyv, en todas partes y a la vez en ningún sitio — ¿Cuándo pensabas asumir que la única solución era matándole?

— ¡Jamás contemplé esa opción! – Exclamó Lex, y acto seguido cogió a Beck del pelo y tiró de ella hasta tenerla sujeta desde atrás, apuntándola con la pistola — ¡Jamás se hace daño a un hijo! ¡Si fueras madre comprenderías que a un hijo se le protege por encima de todas las cosas!

— Lex… qué equivocado estás… — Respondió Lyv. La tierra bajo los pies de los presentes comenzó a vibrar ligeramente, como si de alguna forma la tierra cobrase vida a su alrededor – He tenido más vivencias que los que habéis estado aquí… me he enamorado, he visto pasar el tiempo para todo el mundo menos para mí… y sobre todo, he sido traicionada muchas veces, cada una de las cuales sufro como si fuera la primera. He vivido lo suficiente como para saber que a un hijo hay que protegerle de todo, incluso de sí mismo.

— ¡No te permitiré que le hagas daño! – Exclamó Lex, intentando mantener la calma ante la vibración de la tierra, sabía lo que significaba – Está a punto de despertar… y es como cualquier niño hambriento, solo quiere cazar y alimentarse.

— Eso no te da derecho a poner en riesgo miles de vidas inocentes – Respondió Beck, tratando de zafarse de Lex — ¡No te da derecho!

— ¡¡Cállate!! – Exclamó Lex – Muéstrate Lyv… ¡¡Muéstrate y acabemos con esto!!

— ¿Acabar con qué, Lex? – Preguntó Lyv, saliendo de entre las sombras de los árboles mientras el susurro de las ramas y las hojas al moverse con el viento invadía el lugar como una inquietante sinfonía. Lyv portaba su pistola y apuntaba a Lex — ¿Qué ha sido de todo lo que nos has enseñado? Suéltala y hablemos como personas civilizadas.

— Me pegarás un tiro en cuanto la suelte – Respondió Lex, aferrándose aún más a Beck, como si fuese su seguro.

— Treinta años a mi lado y veo que no me conoces – Dijo Lyv, sin dejar de apuntarle – Suéltala… y bajaré el arma, pero tú tienes que bajarla también. Ese es el trato…

— Deja de invocar a la tierra, sé lo que estás haciendo y lo que pretendes – Respondió Lex – Baja el arma o mataré a Beck.

— Vale, está bien – Dijo Lyv, levantando el arma con intención de bajarla – La soltaré, pero tú también tienes que soltarla Lex, y reitero, hablemos como personas civilizadas.

Lex dudó un segundo, mientras veía que Lyv bajaba el arma  hasta sus pies y la apartaba; Beck estaba asustada, comprensiblemente dada la situación. El Sol estaba a pocos minutos de ocultarse por completo, y el despertar del vampiro era inminente. Lyv no mostraba miedo, más bien incertidumbre al no controlar la situación, apartó la pistola con el pie hacia la derecha y sin dejar de mirar a Lex dio dos pasos hacia él. Lex la observó con gesto de duda y dolor, no le había disparado y conociéndola no sabía por qué. Soltó a Beck de forma pausada, la joven no sabía qué hacer dadas las circunstancias que les rodeaban a todos. Jack observaba a Lyv con cierto nerviosismo, estaba muy bien maniatado y tenía las manos y los pies dormidos por el tiempo que llevaba sentado en la base de un árbol junto a dos lápidas. Siempre había considerado irónico morir en un cementerio, sin embargo presentía para sí mismo que aquella vez no sería así.

— Muy bien, Lex – Dijo Lyv – Ahora baja el arma. Si me conoces lo suficiente sabes que no podré ayudarte si haces daño a algún miembro del equipo. Baja el arma, es una orden, Lex.

— Nunca has dado órdenes, Lyv – Dijo Lex, sin dejar de apuntar a Lyv.

— Nunca lo he necesitado, amigo mío – Preguntó Lyv – Sabes que eso no será suficiente, por mucho que desee que esa bala me arrebate la vida.

— Lo sé… pero ¿qué pasará si le disparo a él? – Preguntó Lex, pasando a apuntar a Jack al pecho — ¿Es él para ti algo más que cualquiera de los presentes? Le elegiste por algo… y me gustaría saber por qué.

— Mis motivos quedarán para mí hasta que yo lo decida – Respondió Lyv – Baja el arma o tendré que neutralizarte.

De forma repentina el susurro de los árboles, el piar de los pájaros del cementerio, el sonido del viento caminar entre ellos, todo aquello cesó y el silencio sepulcral volvió. Una sensación de gélido frío les invadió a todos por completo, la expresión del rostro de Lex cambió por completo, pero aquello no hizo que bajase su arma. El momento se acercaba, y el vampiro se despertaba. Lyv podía oír el chirriar de las viejas bisagras pertenecientes a la puerta de madera podrida de un mausoleo situado a pocos centímetros de donde estaba ella.

— Es tarde Lyv… lo siento mucho, pero ya es tarde – Respondió Lex mientras daba pasos hacia atrás, alejándose de ella y de todos los demás – No puedes darnos caza a los dos al mismo tiempo, ¿qué vas a hacer, Lyv? De nuevo, como tantas veces a lo largo de la eternidad que llevas viviendo, tendrás que elegir. El equipo o yo, Lyv, tú decides.

La puerta del mausoleo se estaba abriendo, Lyv contaba con poco tiempo para tomar una decisión. Sabía que si Lex salía huyendo perdería mucho tiempo en distraer al vampiro y soltar al equipo; era un hecho irrefutable que no podía cogerlos a los dos, debía elegir, algo que Lyv odiaba por encima de todas las cosas. A pesar de la traición, Lex era un gran amigo, había sido un gran amigo, y por lo tanto Lyv no podía tomar una decisión así a la ligera… Miró hacia la puerta del mausoleo y a Lex intermitentemente. Pocas veces en su larga vida Lyv Gyllenhall había tenido una sensación de duda tan grande como la que sentía ahora. A medida que la puerta se abría, Lyv se daba cuenta de que tenía que decidir, y carecía de tiempo suficiente para meditarlo. No quería matar al hijo de Lex, pero sabía que aquella criatura había dejado de serlo hace mucho tiempo, por mucho que Lex luchase contra una verdad absoluta; la experiencia de más de mil cuatrocientos años que Lyv tenía en su espalda era más que suficiente como para saber que aquella criatura no era el hijo de su mejor amigo.

Sin embargo, también sabía que Lex pudo matar a los miembros del equipo en todo momento y no lo había hecho, por lo que Lyv decidió darle el beneficio de la duda. ¿Por qué no lo había hecho? ¿Acaso en algún momento había parte de su amigo que se pudiese recuperar? Había tomado una decisión, cerró los ojos para controlar los pros y los contras de la misma; decidiese lo que decidiese, perdería la amistad de su amigo Lex, sin embargo aquel era el menor de dos males. No tenía nada más que pensar, había decidido, la seguridad del equipo estaba por encima de cualquier otra cosa. Lyv respiró hondo y se preparó para cualquier cosa que pudiese ocurrir.

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